La Policía huye de Sucre en la tercera jornada de violencia La Ciudad Blanca soporta barricadas, incendios y saqueos. Desprotegida, la población llora a su segundo muerto
CON ARMAS AJENAS • Un grupo de manifestantes se protege con escudos policiales conseguidos en las oficinas de Tránsito.
Para algunos, fue el segundo grito de la libertad que dio Chuquisaca en su historia moderna. Hace 48 horas que la ciudad no duerme y, ahora, después del alzamiento popular y la huida de la Policía, ha vuelto la calma y sólo un grupo de estudiantes, con un féretro en andas, llora a uno de los dos “héroes de Noviembre”, como los bautizaron los medios locales, en la plaza 25 de Mayo.
Desde el viernes, a las 13.00, cuando la multitud reunida en el cabildo de Sucre se entera de que un grupo de universitarios chocaba contra policías en el teatro Gran Mariscal, los focos del conflicto se fueron multiplicando hasta convertir a la capital en un inmenso campo de batalla.
El estallido social se da el sábado, en la carretera que une a la zona de El Tejar con el liceo militar Teniente Edmundo Andrade, sobre el camino a Potosí, mientras el MAS luchaba contra el tiempo para aprobar la nueva Constitución Política del Estado.
La mañana del domingo, que muchos esperaban fuera de descanso y tranquilidad, se convierte en una prolongación de la guerra declarada por los sucrenses, después de la confirmación de la muerte del abogado Gonzalo Durán (29). Pero, otra mala noticia exacerbaría el ambiente: Juan Carlos Serrudo Murillo (25), estudiante de la Facultad Técnica de la Universidad de San Francisco Xavier y carpintero de oficio, falleció a consecuencia del impacto de una granada de gas en el pecho, según fuentes médicas del hospital Santa Bárbara.
Paralelamente, continúan los saqueos al cuartel policial de Orden y Seguridad, en la zona de Poconas; un asalto masivo de estudiantes al Organismo Operativo de Tránsito, en la calle Junín, acaba con el desmantelamiento de esa repartición. Los jóvenes —armados con piedras, petardos y bombas molotov— miden fuerzas con los policías y sus gases lacrimógenos: el choque crece en intensidad y los manifestantes resultan vencedores.
Ante la ofensiva, los efectivos policiales abandonan las oficinas de Tránsito y las dejan en poder de los manifestantes, que ingresan y celebran la toma como una victoria que, gracias al megáfono de un ciudadano, incluso tiene resonancia en la plaza central. El saldo: equipos de computación destrozados y documentos destruidos, además del incendio de motocicletas y de decenas de vehículos que, en un canchón de la parte trasera, se encuentran en calidad de depósito.
Entretanto la directiva del Comité Interinstitucional por la Capitalidad Plena emite mensajes de pacificación, los enardecidos manifestantes se trasladan al Comando Departamental de la Policía, donde, luego de un duro enfrentamiento, llega el anuncio del comandante, coronel José Galván, de que los policías se replegarían a Potosí.
Al mediodía, en la ciudad de La Paz, el comandante general de la Policía, general Miguel Vásquez, en conferencia de prensa anuncia oficialmente la determinación del Comando General, de ordenar la salida de todos los efectivos policiales de Sucre y comunicaba “extraoficialmente” el linchamiento de un efectivo por una turba de manifestantes.
En la capital, en una improvisada Asamblea del Pueblo, con discursos de las bases del Comité, la gente exige la renuncia del prefecto David Sánchez y del comandante Galván; un estudiante dice en acalorado discurso que en Sucre se fundará una “nueva república democrática”. Pero, ni el arzobispo, monseñor Jesús Pérez, puede calmar a la población.
Antes, en plena alocución del constituyente tarijeño Alberto López (Podemos), una granada cae en la puerta de la Casa de la Libertad, a 20 metros de quienes participan de la convocatoria en la plaza 25 de Mayo.
Totalmente abandonado, el centro de operaciones de las fuerzas del orden, ubicado en la calle Olañeta, a una cuadra de la plaza 25 de Mayo, sufre el ataque más feroz que recuerden los memoriosos de Sucre. De esta conquista, aparte de los destrozos, los jóvenes salen fortalecidos anímica y materialmente, con uniformes policiales, cascos, escudos de policarbonato, granadas de gas lacrimógeno y garrafas de gas pimienta que pasean campantes por el centro de la ciudad. Fuentes policiales aclaran a La Razón que tomaron las previsiones de sacar previamente las armas.
En otro de los focos de conflicto, una comisión del Comité Interinstitucional negocia la manera de liberar a tres policías que fueron tomados de rehenes en la casa del abogado difunto, en el barrio Lindo. En total, eran unos 12 efectivos; la mayoría logra escapar, dejando sus vehículos a la deriva, pero tres caen en una emboscada de los vecinos.
Los prisioneros recibieron una paliza: uno queda malherido y los otros dos son obligados a velar el cadáver de Durán. Tres motorizados, que según los vecinos trasladaban constituyentes, terminan incendiados y en una quebrada próxima. En barrios colindantes, cinco vehículos policiales más corren similar suerte.
Al otro extremo de la ciudad, en la cárcel San Roque, zona de Huayrapata, al menos 103 reos escapan con la complicidad de la Policía. Los guardiacárceles cumplen la orden de repliegue de su comandante y dejan abierta la reja de entrada, por donde recuperan su libertad.
A las 14.00, en conferencia de prensa en la Alcaldía sucrense, las autoridades municipales confirman el repliegue de la Policía y llaman a la población a evitar la anarquía. La alcaldesa interina Graciela Pinto rompe en llanto en medio de un desesperado llamamiento a la pacificación. “Me pongo en el lugar de las madres, y si tengo que dar la vida por la paz, la voy a dar”, dice.
A media tarde, cientos de manifestantes, cargando en hombros el ataúd de Juan Carlos Serrudo, protestan contra la violencia y piden justicia. Allí están los familiares de la segunda víctima. “No tengo plata ni para enterrarlo”, se lamenta su madre.
Desde las 17.00, en barrios y distritos, se comienzan a organizar grupos de defensa ante la ausencia de la protección policial.
Al anochecer, la Ciudad Blanca se ha manchado de hollín y sus calles son un largo manto negro. El luto se llora en las esquinas y la población, aún confundida por la violencia, saborea una extraña sensación, el producto de la mezcla de una victoria sobre los policías, que reprimieron a mani- festantes y periodistas, pero también de una derrota por la Constitución aprobada sin capitalidad plena. Redacción Sucre
SITUACIÓN CRÍTICA
Hospitales • Varios nosocomios de Sucre, entre ellos el hospital Santa Bárbara, se vieron rebasados en su capacidad de atender heridos.
Ayuda • La Cruz Roja solicitó, mediante los medios, la solidaridad de la población con alcohol, vendas y otros insumos para primeros auxilios.
Daños • El cuartel de Bomberos, la Unidad Operativa de Tránsito y el Centro de Operaciones de la Policía fueron atacados e incendiados por manifestantes que saquearon los sitios luego de que fueran abandonados por sus custodios.