Vivimos un cambio de época que nos hace oscilar entre un cierto optimismo por las oportunidades que se presentan y un cierto pesimismo por la incertidumbre que todo lo rodea.
En América Latina la incertidumbre se ve potenciada por la heterogeneidad estructural de las economías, la informalidad laboral, la volatilidad del crecimiento, el bajo nivel de protección social y la fuerte inequidad social que hunde sus raíces muy atrás en la historia.
La sensación de que el futuro es incierto, que la pobreza no cede, que las instituciones funcionan mal, que el individualismo es lo único que cuenta, que la democracia no satisface necesidades; en fin, todo ello corroe el sentido de lo colectivo, el sentido de pertenencia, en suma, la cohesión social.
Es muy difícil avanzar en términos de cohesión social en un país o región donde persisten fuertes brechas de ingreso y de acceso a distintos activos. Asimismo, ¿cómo lograr un sentido de solidaridad y de pertenencia, si los ciudadanos no confían en las instituciones básicas de la democracia?; si perciben, por ejemplo, que la justicia es corrupta y responde a los intereses de los poderosos; ¿cómo afirmar que el gasto social mejora la equidad, si no existe transparencia y evaluación de los programas sociales y éstos se prestan al clientelismo político?; ¿cómo hablar de cohesión social en sociedades donde la negación del otro ha sido la regla por décadas o siglos?
Pero la heterogeneidad es muy grande en la región y al interior de los países. En Bolivia el analfabetismo urbano es de 6,4% y en las zonas rurales llega a 25,7%. En Colombia, Bogotá tiene 9,2% de hogares con necesidades básicas insatisfechas y el departamento del Chocó 79,1%.
Son muchos y grandes los retos en pos de la erradicación de la exclusión social y la construcción de sociedades más equitativas y cohesionadas. En este sentido, las experiencias innovadoras identificadas por CEPAL con el apoyo de la Fundación WK Kellogg son un aporte relevante. Son pequeños grandes pasos hacia la cohesión y el fortalecimiento de la ciudadanía mediante la participación comunitaria en la resolución de sus problemas.
Los finalistas del 2007 del concurso Experiencias en innovación social resultan una buena guía. Nombraré sólo algunos: En Bolivia, el programa de Hospedaje Estudiantil en Familia enfrenta la deserción escolar posibilitando que niños y niñas de zonas rurales que viven lejos de sus escuelas puedan estar con familias anfitrionas en el pueblo o ciudad. Los anfitriones reciben una remuneración que permite acogerlos sin exigirles trabajo a cambio, característica de los modelos de “padrinazgo” tradicional que se utilizan en muchos de nuestros países. En Brasil, el Programa Trébol de Cuatro Hojas, de la Secretaría de Salud y Acción Social de Sobral, Ceará, disminuyó la mortalidad materno-infantil con un modelo muy sencillo e innovador basado en las “madres sociales”.
Todos éstos son ejemplos esperanzadores. Sí se puede avanzar en la construcción de sociedades más equitativas y cohesionadas.
*José Luis Machinea es secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
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