Alarma y consterna la indiferencia que poco a poco se corporiza en las diferentes sociedades del mundo respecto a la droga: su accionar, el perfeccionamiento de sus sistemas de reclusión a la adicción, el seguimiento a éstos, la malévola inteligencia para introducir nuevos métodos de comercialización que no conocen fronteras ni controles y, peor, la tendencia de la mayoría de los habitantes del mundo a ceder la responsabilidad a las autoridades y a sus organismos de control, a sabiendas de que este entorno, como se ha visto, virtualmente ha levantado los brazos.
Se invierten millones de dólares en la erradicación de plantaciones de coca, marihuana, opio y otros, sin contemplar que, mientras exista una demanda tan intensa y una adicción cada vez más creciente, será imposible imponer a los productores el cese definitivo de sus plantaciones, pues el atractivo económico es determinante ante cualquier reflexión ético-moral.
La inversión cuantiosa debería realizarse en la implementación de fábricas, transformación de productos, incentivo a la microempresa y sobre todo educación. Con una educación continua y estable que produzca rápidamente el rearme moral de los que intervienen en estos procesos ilícitos, se obtendría la meta más ansiada de la humanidad consciente: disminución de la adicción en la juventud y cambio mental en los productores al ver facilitado su ingreso económico igual o mejor que el acostumbrado a costa de vidas, a través de la alternativa de la participación activa en la economía lícita de cada país.
En algunos países, las áreas de sembradíos se han cuadruplicado y el consumo tradicional ha disminuido, emanando un contrasentido: se paga por erradicar y sustituir y se invierte el dinero obtenido en ampliar la siembra de materia básica. Ésta es la pauta incontrastable de la preferencia del dinero fácil y del rechazo, salvo excepciones, del trabajo dignificador y estimulante en productos alternativos.
La adicción y la muerte de centenas de miles de congéneres se origina por la ausencia de conciencia colectiva. Crearla implica educación, único medio efectivo que transforma la ignorancia en conocimiento y éste, a su vez, origina la percepción de una conciencia individual sustentada en valores ético- morales, objetivo deseable para todo ser humano.
*Raúl Pino-Ichazu es abogado.
Casi ganamos
Los bolivianos nunca perdemos, más bien siempre casi ganamos. En el fútbol, en la política, en el amor y en la vida.
La cohesión social es el gran reto
Vivimos un cambio de época que nos hace oscilar entre un cierto optimismo por las oportunidades que se presentan y un cierto pesimismo por la incertidumbre que todo lo rodea.