La conspiración en el cabildeo, la propaganda manipulada, la guerra sucia, el acoso, la violencia, el descrédito, la deshonra, la intimidación, el chantaje, la deslealtad, la proclamación de las diferencias culturales en términos beligerantes, el tensionamiento de fuerzas, etc., son el tipo más conocido de actividades a las que se recurre pretendiendo hacernos creer a todos, que por una u otra, se tiene el dominio absoluto de la razón en la política.
En Grecia, hace más de mil años, la gente sorprendió a los filósofos de aquella y posteriores épocas con una peculiar forma de organizar y encauzar soluciones a las demandas y asuntos públicos de la sociedad. Fueron, concretamente, las fórmulas participativas y deliberativas. Hoy nos sorprende todavía más que este escenario de deliberación haya podido llevarse a cabo hace ya tanto tiempo atrás y, más aún, si consideramos aquel vergonzoso mapa mental que determinaba que unos eran los llamados a gobernar y otros a ser gobernados en función de la cuna en la que habían nacido. La lección de la primitiva democracia en Grecia tiene una doble virtud de enseñanza que conviene analizar ahora que conversamos tanto de política en Bolivia.
Por un lado, la lección que nos llega desde Grecia reside en lo participativo de la deliberación, es decir, la función de mercadeo en la elaboración de políticas y la descentralización de las propuestas de solución. Ambas sirvieron tanto para diagnosticar mejor las necesidades como para buscar soluciones efectivas a problemas que, en la mayoría de los casos, eran desconocidas. Por otro lado y en esa misma lógica, encontramos una lección que quizá sea mucho más importante de rescatar. Los gobernantes, aun creyéndose naturalmente llamados a gobernar, comprendían que no podían llegar a saberlo todo, solucionar los problemas solos ni hacer gestión a escondidas. Dentro de ese arbitrario y fascista determinismo genético, los gobernantes fueron conscientes de que para obtener resultados positivos y ciudadanos satisfechos, era requisito escuchar, que no es solo oír.
Evidentemente, no todo son flores para los griegos, en especial si consideramos la viabilidad de la participación deliberativa al tomar en cuenta dos magnitudes y un elemento cualitativo fundamentales. En primer lugar hay que ver el tamaño del ámbito geográfico al que alcanzaban las decisiones de manera efectiva. Segundo, el número de habitantes que participaban en dichos procesos y, tercero, la calidad de los asuntos sometidos a la deliberación participativa.
Debería estar por demás claro que un proceso deliberativo entre 20.000 personas, para un radio de poco más de 50 kilómetros y sobre asuntos mínimos, básicos y hasta rudimentarios, sí que puede funcionar. De ahí que la gestión local al estilo de la antigua Grecia funcionó, funciona y hasta se permite entrar en mayores profundidades hoy, aquí y ahora.
Lamentablemente, y por falta de precisiones en los incentivos, suele funcionar de manera tan exacta que hasta el propio caciquismo está presente y, en muchos casos, también algunos se creen llamados genéticamente a gobernar.
A nivel estatal, lo simple es complejo lo estático es dinámico lo homogéneo es diverso y lo nacional rebasa las fronteras. Bolivia no vive en aquellos tiempos de magnitudes y simplicidad griegos. La oportunidad es única y las decisiones merecen ser exquisitamente ilustradas para crear y producir alternativas subóptimas para conciliar con los oponentes. La representatividad es un elemento clave para el juego democrático. Nueve millones de bolivianos no pueden deliberar juntos sobre consignas extremas sin alternativas. La democracia, en sus tiempos, jugaba a las mayorías cuando no encontraba otras alternativas. En la actualidad, la democracia se entiende desde una óptica plural y científica, donde la mayoría se hace también responsable de las exigencias de las minorías y basa sus propuestas en la evidencia empírica y comparada.
En estos términos, es imposible llegar a acuerdos sin creatividad, sin conocimiento y sin intermediarios. Es indispensable sentarse en la mesa y olvidarse de quién se es, de quién posee la razón y/o a quién eligió ´el cosmos´ para gobernar. Impera gobernar para todos desde una perspectiva plural y más allá de los prejuicios identitarios, saber reorientarse y saber dar el giro convenientemente. Esto no se consigue con amenazas ni desafíos. El auge de la democracia radical —ofensiva— es inversamente proporcional a la capacidad de generar ideas creativas e informadas que conduzca hacia los acuerdos.
El empleo de los dispositivos de descrédito sólo afecta a las instituciones de representación y no soluciona los problemas de la gente. Asimismo, deslegitima a los representantes que deberían ser parte de la solución y no parte del problema.
Las magnitudes, el conocimiento y la moderación cuentan para que se avance en democracia. Todos los bolivianos no caben en el Hernando Siles ni en el Chapare ni en Sucre. He ahí la pedantería de la participación y el populismo: sin derechos que respetar, sin reglas que cumplir, sin responsabilidades que asumir, sin ideas que discutir y sin propuestas que debatir.
Mejor muerta que poseída… ¡Ay bendita Constitución!
*William Kushner, M.A. en Gobierno y Administración Pública.
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"Una victoria más de éstas y estamos perdidos". Tal la frase registrada en la historia como una paradoja para ilustrar las dificultades que pueden traer ciertos triunfos o victorias pírricas
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Los acontecimientos en Sucre son la consecuencia de un conjunto de errores oficialistas y opositores, que han facilitado un escenario de extremos donde los autoritarios de ambos lados están de júbilo por una posible fuera del marco constitucional
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El maltrato invisible
En lo que va de año han muerto en España más mujeres víctimas de la violencia machista (69) que en todo el 2006 (68) (...). Sólo hay que ver el balance de los juzgados especiales creados hace dos años para darse cuenta de la magnitud del problema