No hay duda de que éste es un proceso político marcado por la búsqueda de la legitimidad. Se lucha a brazo partido por ella, de manera contradictoria y tensionada respecto del actual ordenamiento legal e institucional, que nunca tuvo plena vigencia; ni siquiera en el pasado reciente, de cuya nostalgia se aprovechan algunos para establecer la distinción respecto del presente político.
Resulta particularmente extraño cómo un gobierno legítimo haya tenido que reafirmarse permanentemente y buscar refrendar su respaldo popular en cada acción cotidiana. La exacerbación de la tensión discursiva no significa otra cosa que esta búsqueda permanente de reafirmación. Pero es una reafirmación narcisista y anodina, sin resultados efectivos. Sólo la multitud endiosada y exacerbada, sin conducción ni resultados reales para su emancipación. El posmodernismo al poder, pero, como era de esperarse, negando cualquier expresión racional y objetiva para su ejercicio real.
En otras palabras, se ha presenciado una ambigüedad indeleble entre el dicho y el hecho, que pasma a cualquier persona atenta del proceso político. Mientras se hace todo por no cambiar nada sustantivo, se dice que todo cambia.
O puede ser algo más contradictorio y ambiguo, sólo por nombrar algo reciente, que la destitución de un ministro se haya producido por la censura moral de sus actos en la vida privada, y no por su ineficiente e irregular gestión, comprobada hasta el cansancio. Se trata de una doble moral —tan pequebú— que incluso se da el lujo de opacar a la norteamericana. Tiemblan Clinton y Lewinsky.
En esta fragilidad, se ha fortalecido el poder real de grupos económicos. Mejor dicho: tan evidente era esta fragilidad que a los ´oligarcas´ no les ha quedado otra cosa que retomar la lucha por el poder, ya no de manera defensiva, sino que han avanzado hasta el copamiento territorial. Y lo han hecho, en un espasmo de ´evolución´ sin precedentes, incluso dándose el lujo de ser demócratas. Ahora son los más ardientes defensores de la legalidad; en apenas cinco días, han pasado de la agresión violenta a policías de color cobrizo, al amenazante y políticamente incorrecto ´acá no matamos perros, sino collas´. Se está rearticulando la legalidad antigua en torno a fracciones de clase conservadoras del orden establecido, pero, ahora, en clave legítima.
Y todo esto, porque el MAS y su Gobierno se creyeron que eran revolucionarios; para colmo de males, quisieron hacernos creer a todos nosotros que efectivamente lo eran. Una ecuación que no da, pues la multitud no hace revoluciones ni insurgencias; las puede gestar, pero requieren de conducción basada en la razón, no tanto en la pasión.
*Gustavo Luna es comunicador y trabaja en el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA).
Confesión
Hace años recibí esta carta de un amigo y compañero de lucha y ésta cambió mi vida y guió el norte de mis actos. A propósito de estos días de dolor, la resumo para ustedes, amables lectores
¿Cómo estamos?: Depende
Si se pregunta sobre la marcha de la economía boliviana, en estos dos años, la respuesta dependerá de la óptica con que se mire. Me explico. Si se consulta a Standard and Poors y a Fitch Rating
Tranvías de ayer, minibuses de hoy
Don Casto Rojas, que fue un caballero de modales e ideas de los años del liberalismo triunfante, fue además un usuario habitual y crítico de los tranvías de La Paz cuando serpenteaban entre las subidas y bajadas de la ciudad.
El pacto imposible
Suena nuevamente el redoble de tambores de guerra. Y mientras unos y otros asisten al rito de pintarse las caras, movilizar a sus bases, tocar puertas, y circular maletines negros, muchos otros se preguntan, atónitos