Suena nuevamente el redoble de tambores de guerra. Y mientras unos y otros asisten al rito de pintarse las caras, movilizar a sus bases, tocar puertas, y circular maletines negros, muchos otros se preguntan, atónitos, cómo es posible que después de tantas idas y venidas, no haya sido posible encontrar una salida dialogada. Las expectativas de analistas, hombres de prensa, y opinión pública en general, en relación a los procesos de negociación, concertaciones y acuerdos políticos, han sido defraudadas por una aparente inmadurez política de los actores.
Se cree todavía que el fracaso de la búsqueda de consensos obedece a caprichos, intemperancias, o a la incapacidad personal de los operadores responsables de sacar adelante los grandes acuerdos. La tradición de la democracia pactos en la que las grandes y pequeñas crisis podían resolverse a puerta cerrada entre jerarcas de asombrosa autosuficiencia, parece habernos marcado profundamente, y hoy nos embarga el desconcierto frente al disenso recurrente. Tal vez eran más fáciles de comprender los episodios de crisis en los que en el fondo todo estaba más o menos cocinado, y los acuerdos alcanzaban para saciar los apetitos e intereses circunstanciales de los habituales. Mal que mal, todos iban por el mismo camino, y entonces el acuerdo no solamente era posible, sino que respondía a cierta naturalidad.
Lo que ocurre hoy en el país es completamente diferente. El acuerdo, tal como se lo esperaba, nunca llegó porque sencillamente no era posible. Y para comprender esto hay que escarbar un poco más allá del discurso formal de la minoría, que se viste de institucionalidad, de legalidad y de democracia, pero oculta intereses concretos de enorme magnitud. No vaya usted a creer que me estoy refiriendo al señor Tuto Quiroga, o a la bancada de Podemos, o a los prefectos de la media luna, o a los Comités Cívicos, o menos aún a la dirigencia chuquisaqueña. Estos son simplemente intermediarios que lógicamente han aprovechado la oportunidad para hacer alguito de política, y para pelear su supervivencia. Quienes realmente llevan las riendas, son un pequeño pero ultrapoderoso grupo de empresarios cruceños que apuestan el todo por el todo para mantener el status quo económico y político que los ha privilegiado.
Con ellos no hay posibilidad de pacto, porque no tienen proyecto, ni ideológico ni regional. Defienden su gravitación e influencia en un modelo sobre el cual se han erigido; empréstitos, condonaciones, subvenciones, dotaciones de tierras, y además la capacidad de infiltración en el poder político para reproducir su capital. La autonomía que a ellos se les antoja, es una autonomía que les permita desde ´sus territorios´, administrar a discreción la tenencia de tierras, el uso de los recursos naturales, los sistemas impositivos, y claro, todo el aparato político regional. Si no consiguen aquello, no vacilarán en alentar escenarios de confrontación que deriven en una escisión del país.
Así han funcionado, siempre y en todo lugar, los grupos de poder económico; detrás de los títeres que ponen la cara a cambio de una tajadita, está la mano y la billetera de los poderosos, para quienes el cambio no es más que un mal chiste. Ya lo sé: en tiempos de polarización y de empatías forzadas entre ´los buenos´ y ´los malos´, estas reflexiones caen en saco roto; así funciona la guerra fría. De todas maneras, creo que no está demás, aunque sea por puro ejercicio filosófico, detenerse un momento a pensar en las razones ocultas detrás de la imposibilidad del pacto.
*Ilya Fortún es comunicador social.
Confesión
Hace años recibí esta carta de un amigo y compañero de lucha y ésta cambió mi vida y guió el norte de mis actos. A propósito de estos días de dolor, la resumo para ustedes, amables lectores
¿Cómo estamos?: Depende
Si se pregunta sobre la marcha de la economía boliviana, en estos dos años, la respuesta dependerá de la óptica con que se mire. Me explico. Si se consulta a Standard and Poors y a Fitch Rating
Ese poder "posmo"
No hay duda de que éste es un proceso político marcado por la búsqueda de la legitimidad. Se lucha a brazo partido por ella, de manera contradictoria y tensionada respecto del actual ordenamiento legal e institucional, que nunca tuvo plena vigencia
Tranvías de ayer, minibuses de hoy
Don Casto Rojas, que fue un caballero de modales e ideas de los años del liberalismo triunfante, fue además un usuario habitual y crítico de los tranvías de La Paz cuando serpenteaban entre las subidas y bajadas de la ciudad.