El presidente francés Nicolas Sarkozy se puso al frente de su gabinete ayer para frenar los disturbios registrados en las dos últimas noches en unos suburbios de París, haciendo temer una ola de violencia como la del 2005, y anunció firmeza contra los alborotadores.
Anoche imperaba una calma tensa en Villiers-le-Bel, una localidad al norte de París que fue escenario de dos noches de violencia callejera, informó la AFP.
La revuelta estalló el domingo después de la muerte de dos jóvenes, cuando la motocicleta en la que circulaban chocó con un coche patrulla de la policía.
Unos mil policías seguían movilizados en este municipio para evitar enfrentamientos entre jóvenes y las fuerzas del orden. “Aquellos que han asumido la responsabilidad de disparar a funcionarios se encontrarán ante el Tribunal de lo Criminal” por “intento de asesinato”, declaró Sarkozy tras visitar en el hospital a un comisario herido en los enfrentamientos.
La justicia abrió una investigación por intento de homicidio contra dos policías heridos por impactos de perdigones el lunes.
En total, más de 130 miembros de las fuerzas del orden resultaron heridos desde el domingo.
Los sindicatos de la policía expresaron su preocupación por el uso de escopetas durante los recientes enfrentamientos. Un policía herido en Villiers-le-Bel confesó a la AFP tener “miedo” porque tenía “la impresión de que los jóvenes venían para matar” y disparaban a bocajarro.
En otro gesto, Sarkozy anunció la apertura de una investigación judicial para aclarar las circunstancias de la muerte de los dos jóvenes originarios de Marruecos y de Senegal, y el miércoles por la mañana recibió a sus familiares. París, AFP