Aunque no les guste a los ideólogos del MAS, los últimos acontecimientos demuestran que la historia de Bolivia no es la de su lucha de clases sino la historia de sus luchas regionales. No entender esta fundamental particularidad de la nación boliviana probará ser el mayor error político de Morales y sus asesores, pues al parecer han condenado al MAS a ser un partido/movimiento político confinado al altiplano. En el proceso, han puesto a La Paz en difícil e inmerecida encrucijada.
En la sede de gobierno prima la tesis de que poner el tema de capitalidad en la Constituyente fue obra maquiavélica de los cruceños para evitar una nueva Carta Magna. Aunque hay algo de cierto en dicha conjetura, los cruceños saben muy bien que la anhelada autonomía pasa por una reingeniería constitucional, razón por la cual es obvio que quieren una nueva constitución; lo que no quieren es que ésta sea unilateralmente andina, comunitaria y colectivista. El estilo irrespetuoso de la legalidad que asumió el oficialismo en la Constituyente tuvo su mejor ejemplo en el tratamiento de la capitalidad. La reacción lógica de la media luna fue: ´Si lo hacen con la capitalidad, lo harán con las autonomías´ y cerraron filas en apoyo de la demanda chuquisaqueña. Esto logró que tal media luna creciera por lo menos a dos tercios de la geografía nacional, lo cual tiene una correlación de apoyo político de la mayoría de su población y sus movimientos sociales (porque, entre otras cosas, la sociedad la conformamos todos, no sólo los masistas).
Tan colosal chambonada del oficialismo y los autonombrados defensores de la paceñidad ha logrado poner al país al borde de la confrontación violenta y ha perjudicado principalmente a La Paz, pues esta ciudad tenía razones de peso geopolítico y de interés nacional para seguir siendo la sede de gobierno, hubiera podido salir airosa del debate constituyente, oportunidad que el MAS le ha negado. Es irónico que tan sólo hace unos meses la hegemonía andina era tan contundente y la demanda autonómica en Santa Cruz tan vigorosa, que algunos cruceños se sintieron acorralados y sintetizaron su posición con la amenaza de ´si no hay autonomía para Santa Cruz, no habrá Santa Cruz para Bolivia´. Después de lo acontecido en Sucre, la pugna regional ha tenido un giro sorprendente: al parecer todo el país quiere autonomía menos los departamentos altiplánicos. Parece que ahora el eslogan de la agrandada media luna sería: ´si la Paz no quiere autonomías, que se vaya de Bolivia´. De hecho, esa idea tiene precedentes, pues el departamento planteó formalmente anexarse al Perú en seis ocasiones en el siglo XIX. Nunca más pensó en separarse de Bolivia desde que ganó la sede de gobierno y se irguió en la forjadora de la Bolivia del siglo XX.
El panorama se presenta complicado. En lo político, se viene una gran confrontación entre el MAS y un conglomerado opositor en todo el país. En lo regional, injustamente, la pugna será entre todos (menos Oruro) contra La Paz. Y no son los cruceños los que lo han dispuesto así; los responsables de este atentado contra La Paz han sido los masistas. Irónicamente, al MAS sólo le queda el altiplano como bastión político, pues en ninguna otra región del país el Presidente hubiera podido intentar el proselitismo que hizo este lunes en El Alto y la Plaza Murillo, horas después de haber enlutado a los chuquisaqueños. Tampoco es concebible que la Constituyente reanude sus labores en ningún escenario que no esté en La Paz o en Oruro. No sería de extrañarse que en el largo plazo sean estos departamentos los que exijan autonomía del resto del país, en atención a que sus mayorías tienen todo el derecho de vivir según su propia cultura, sus costumbres, su cosmovisión andina, su justicia comunitaria, el colectivismo que quiere imponerles el MAS y su indigenismo, todo ello tan ajeno a una gran parte de la sociedad boliviana. Lo que no se sabe es en qué acabará la capital, la clase media paceña y el norte de La Paz.
*Miguel Antonio Roca S. es economista e ingeniero.
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