Es verdad que hay dos posiciones ideológicas y políticas polarizadas en Bolivia: la capitalista colonial liberal especulativa, defendida por los comités cívicos conocidos como media luna, y la otra visión comunitaria descolonizante, que busca constituir un Estado plurinacional y protagonizado por el conjunto de los movimientos sociales e indígenas. Dicha pugna es una ley social en un momento de transformación, ya que en la historia humana se ha visto que ningún cambio de sistema ha sido llevado a cabo por vía pacífica, ya que las fuerzas conservadoras y viejas siempre han resistido. Eso también es tan normal debido a que están defendiendo sus intereses.
Sin embargo, la Constitución Política del Estado, aprobada en grande en Sucre, apuesta por un tercer vector, o sea no impone el sistema comunitario como un modo de producción imperante para eliminar el modo de producción capitalista, sino opta por un modelo plural expresado en el artículo 36 en el punto II. En éste se dice que “la economía plural está constituida por las siguientes formas de organización económica: la comunitaria, la estatal y la privada”. Significa que el aparato productivo del país estará constituido por esas tres formas de producción y el deber del Estado será garantizar y proteger dichas economías. En este sentido, se ha acogido a todas las posiciones ideológicas, desde los más socialistas hasta la liberal capitalista, pasando por la comunitarista. Lo fundamental es que constitucionaliza esa realidad diversa que se ha construido a lo largo de 515 años de colonialidad. Tendremos, pues, una Constitución que no excluye a nadie. Entonces, la resistencia de los comités cívicos de los cuatro departamentos cae en saco roto debido a que en la nueva Constitución estaría garantizada la forma de producción capitalista y toda propiedad privada individual de los medios de producción.
La Constitución aprobada opta también por la pluralidad en el sistema político. Pondrá en vigencia la democracia participativa, representativa y la comunitaria, es decir, los representantes en todos los niveles de gobierno serán elegidos mediante voto secreto y vía partidos, o a través de designación y nominación directa conforme a los mecanismos propios de cada pueblo. Nuevamente aquí no hay ningún tipo de imposición, sino la asunción de todas las experiencias y prácticas vividas por siglos.
Otro asunto destacable es haber oficializado los idiomas de los pueblos indígenas. Además del castellano se obliga a utilizar un idioma nativo en cada una de las regiones, lo que busca dar fin a las estigmatizaciones y discriminaciones existentes, donde sólo se privilegió a la cultura occidental.
Se reconoce además cuatro tipos de autonomía: departamental, regional, municipal e indígena, cada una con sus competencias. Esto sin duda es una nueva estructuración territorial totalmente descentralizada, ya que cada población y región tendrá más cerca la decisión y control sobre su estrategia de potenciamiento y/o desarrollo.
Se trata de una Constitución que no impuso ninguna ideología polarizada, sino que optó por un tercer vector que podemos denominar “plural”, que acoge todas las prácticas y concepciones del mundo. En ese sentido, no habría motivo para que algún sector se oponga.
*Félix Patzi es sociólogo, fue ministro de Educación (2006-2007).
Procesos constituyentes
Venezuela, Ecuador y Bolivia viven procesos de cambio de sus constituciones políticas del Estado. Son procesos distintos en su implementación y tienen como rasgo común la necesidad de adecuar la arquitectura constitucional de los estados a las nuevas circunstancias políticas, económicas y sociales que viven.
In memoriam
Conocí la noticia el 25 de noviembre, justo antes de partir a Chile. Al impacto de esta infausta noticia se sumaron los trágicos sucesos en Sucre, llenándome de indignación porque los dos hechos estaban relacionados.