Conocí la noticia el 25 de noviembre, justo antes de partir a Chile. Al impacto de esta infausta noticia se sumaron los trágicos sucesos en Sucre, llenándome de indignación porque los dos hechos estaban relacionados. Varias vidas se perdieron esa jornada; la muerte trascendió desde Bolivia hasta más allá del océano Atlántico.
Conocí a esta bella persona —que ya no está más entre nosotros— hace tiempo ya. Dada su juventud, jamás pensé en escribir sobre su muerte. Transcurridos los días, aún me cuesta aceptar su imprevista partida, como también le estará costando aceptarlo a su familia en el viejo continente.
Ilusionada por su deseo de conocer y ayudar a Bolivia, dejó su tierra natal, Gran Bretaña, intentando al mismo tiempo salvar un dolor que anidaba en su corazón, sin saber que vendría al encuentro de la fatalidad.
Sensible a la vida como era, le gustaba indagar más allá de lo superficial. Se cuestionaba a cada momento y me preguntaba en cada encuentro por qué Bolivia se encontraba en un aparente “callejón sin salida”, y eso la llevaba a investigar con mayor ahínco cada nuevo tema.
Todo parecía indicar que su futuro sería de un enorme éxito, pues en su corta edad demostraba con suficiencia su sobrada capacidad como periodista.
Osada en su tarea, no dudó en cambiar su mirada de lo económico y social al ámbito político, dejando pendiente incluso una reunión programada para hacer un reportaje sobre la vida de los menonitas en el oriente boliviano.
Se sentía particularmente comprometida con nuestro país, por eso su trabajo lo realizaba con pasión y sin descanso. Tal vez por ello jamás se detuvo a pensar en lo que le esperaba y estoy seguro de que nunca imaginó que sus últimos días serían en Bolivia. De hecho, ya estaba programado su viaje a Europa en diciembre para regalarles un temporal retorno a sus padres.
Anunciado el conflicto de la Asamblea Constituyente en Sucre, decidió trasladarse allá para la cobertura que se le había encargado, pero nunca llegó…
La muerte se le cruzó en el camino. El taxi en el que viajaba sufrió un accidente, segando la vida de una joven que llegó al país en busca de paz y encontró una situación casi de conflagración interna, lo que le preocupaba. Varias veces compartimos sesiones de trabajo, discusiones y análisis sobre la realidad boliviana, ya sea a solas o en compañía de mi esposa, quien tuvo la virtud de homenajearla en vida, resaltando su gran valor como periodista.
A la memoria de Lola Almudévar —corresponsal de la BBC de Londres— estas líneas de un dolor compartido por su muerte y la de otros bolivianos víctimas de la sinrazón, del odio, de aquellos “enfermos del alma” que aman la guerra. Paz para los muertos, en su tumba. Para quienes aún vivimos, un mensaje: “No teman. Tengan fe. La luz vencerá a las tinieblas”.
*Gary A. Rodríguez A. es economista y gerente General del IBCE.
Una Constitución de tercer vector
Es verdad que hay dos posiciones ideológicas y políticas polarizadas en Bolivia: la capitalista colonial liberal especulativa, defendida por los comités cívicos conocidos como media luna, y la otra visión comunitaria descolonizante
Procesos constituyentes
Venezuela, Ecuador y Bolivia viven procesos de cambio de sus constituciones políticas del Estado. Son procesos distintos en su implementación y tienen como rasgo común la necesidad de adecuar la arquitectura constitucional de los estados a las nuevas circunstancias políticas, económicas y sociales que viven.