Las instituciones en Bolivia son débiles, muchas veces mal conformadas y con frecuencia usadas con fines espurios. Los partidos políticos caen en esta categoría.
Es cierto que los partidos en Bolivia han sufrido la misma crisis de los partidos en muchos países de la región. Y en lo que ya es conspicuo se destaca un caso para el análisis: en la Argentina casi todos los contendientes en las pasadas elecciones presidenciales, se proclamaban “peronistas”, compitiendo por heredar los despojos irreconocibles del Partido Justicialista del fallecido presidente Juan Domingo Perón. Esto da lugar al transfugio disimulado por los vasos comunicantes entre las diversas agrupaciones peronistas, facilitándose el tránsito de militantes y dirigentes, sin dejar su condición de seguidores del “justicialismo”.
Cada quien tiene el derecho de cambiar su propia orientación política, cuando advierte que el partido o agrupación política ya no coincide con las convicciones individuales, o cuando se presentan abiertas discrepancias con la conducción partidaria. Pero no es fácil verificar los motivos del cambio de partido o agrupación de militantes o dirigentes.
En Bolivia se ha hecho tan frecuente esta conducta que ya se ha hecho sospechosa de ser una inmoralidad, y casi siempre acertamos cuando llamamos tránsfuga a quien ha cambiado de afiliación. Cuando se calcula que habrá cambios en el gobierno, por cualquier vía se presenta en oleadas. También esto sucede cuando agotadas las opciones de poder de un partido, o desaparecido éste, los dirigentes notoriamente se alinean con otras fuerzas en el intento de mantener su presencia política.
No es un secreto que luego de la caída de la Unión Soviética, los partidos comunistas entraron en crisis. Esta opción de poder se vino diluyendo, aunque el anciano de La Habana siga en su empeño de proseguir una revolución fracasada y con muchas frustraciones, o Chávez, con palmaria ignorancia, hable de un socialismo del siglo XXI. Muchos de los que se dieron cuenta de que el comunismo ya es historia, buscaron nuevos acomodos: se volvieron ambientalistas intransigentes, militantes del populismo y aun mercenarios de partidos de indefinida ideología y de gobiernos extraviados. Así, hasta los guerrilleros redimidos, por lo menos en Bolivia, merodean el populismo, ansiando llegar al poder. Y aun hay otra categoría: los que se alinearon con “partidos basureros”, dominados por el aventurerismo político.
Transfugio y oportunismo, por tanto, van de la mano. Un claro ejemplo: el creador de uno de esos “partidos basureros” ya desbandado, y que no se sabe por cuál milagro fue electo para dirigir un departamento, ante su soledad política y su ausencia de línea, pasó del coqueteo con el actual Gobierno, a aliado de la causa autonomista, o sea con la corriente vigorosa en ámbito regional, y de la que forman parte Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, a los que, sin prefecto oportunista de por medio, se añade Chuquisaca. Este lamentable personaje desentona con los dirigentes regionales auténticos, comprometidos con la lucha autonomista. Y todo por el transfugio y el oportunismo. Ahora, cuando arrecia la crisis política, hay que esperar que habrán otros casos, como este personaje de tan triste recorrido.
*Sergio P. Luís es profesional independiente.
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