Después de los lamentables hechos de octubre del 2003, los bolivianos tomamos conciencia de que el uso del poder político tiene un límite ético infranqueable: el respeto a la vida humana. Conciencia ética que conlleva la firme convicción de que cualquier política de coyuntura, por más importante y trascendental que sea, no puede legítimamente llevársela a cabo a un costo tan grande para los derechos fundamentales como es la pérdida de vida de un ser humano.
Después de los lamentables hechos ocurridos en la ciudad de Sucre, en el momento en el que la Asamblea Constituyente sesionaba en el Liceo Militar nos dimos cuenta de que esta lógica de poder mezquina y cruel sigue vigente en el país. Los gobiernos de turno, cualquiera sea su signo ideológico (derecha o izquierda), no tienen el menor escrúpulo de conseguir a cualquier precio los resultados que persiguen. Para ello manipulan escenarios y personas asumiendo, en el desarrollo de los hechos, la pérdida de vidas humanas como un dato frío y estadístico que no tiene la menor importancia frente a los resultados políticos esperados.
El traslado de sesiones de la Asamblea Constituyente al Liceo Militar, en el contexto de situación en el que se produjo, era previsible que genere escenarios de violencia con resultados fatales. Continuar con la sesión para conseguir, a como dé lugar, la aprobación en grande del texto constitucional, a pesar de los graves hechos de violencia que por esta causa ocurrían en los alrededores, representa una actitud de indiferencia y aceptación frente a un inminente resultado lesivo para los derechos humanos.
Me dejó pasmado la actitud fría e insensible del Presidente de la República frente a estos hechos. Mientras sucedían, en lugar de contribuir a un escenario de pacificación, su prioridad fue participar en un acto de proselitismo en la entrega del bono escolar Juancito Pinto, como si en ese momento en el país no estuviera ocurriendo nada que merezca un cambio de su atención e interés. ¿Hasta dónde puede llegar en el uso del poder una persona con este esquema de valores?
Para los revolucionarios de biblioteca, una revolución sin sangre es como una sopa sin sal. Para estas mentes enfermas de poder, los hechos de Sucre deben ser una anécdota más en el camino de realización de sus fines revolucionarios, con la diferencia de que ellos no ponen el pecho a las balas ni los muertos de su lado.
Ha llegado el momento, nuevamente, de reafirmar la conciencia por la vida. La sociedad boliviana tiene que exigir límites éticos al poder. No debemos consentir la manipulación política, aún con promesa de paraísos eternos, a costa del luto y dolor de nuestros semejantes. Es legítimo el uso necesario de la fuerza del Estado en situaciones extremas de inminente riesgo o peligro para los derechos y bienes fundamentales. No es legítimo el uso político de la fuerza del Estado como un mecanismo de imposición de un proyecto personal de poder.
*Carlos Alarcón es abogado constitucionalista.
Transfugio y oportunismo
Las instituciones en Bolivia son débiles, muchas veces mal conformadas y con frecuencia usadas con fines espurios. Los partidos políticos caen en esta categoría.
La derrota de Chávez
El título de esta nota debió ser: “El NO gana en Venezuela”. Pero resulta que Hugo Chávez seguro de mantener sus votaciones anteriores, dijo, horas antes del referéndum, que quienes votaran por el SÍ votaban por él
Cohesión, la revolución necesaria
La cohesión política y social no se consigue por la fuerza explícita en el presidencialismo o por la radicalidad de la oposición.
¿Guerra civil en Bolivia?
Un término que cualquiera pensaría varias veces antes de utilizar como posibilidad en cualquier otro país latinoamericano, se usa casi por acto reflejo en Bolivia.