Como dijo alguien… es bueno ver el racismo en un museo, que es donde tiene que estar. Primer impacto (programado): al entrar te piden que elijas la puerta de los negros o la de los blancos, que era la férrea división de la sociedad sudafricana. Segundo impacto (no programado): estaba describiendo a una persona y la mujer a quien le consulté me preguntó: ´¿de qué color?´. Piensen que esto se los está contando alguien a quien le dicen Negra. Me quedé sin palabras.
Aunque en Bolivia nos creamos más o menos racistas (según quién pregunta y a quién se lo dice) no estamos acostumbrados a ver a las personas sólo en blanco y negro; menos aún a partir la vida diaria en blanco y negro, gracias a la Revolución del 52, a los últimos 25 años de democracia, al empoderamiento indígena y a estos dos últimos años de gestión de gobierno. De hecho, nuestras experiencias de vida cotidiana son más bien de mezclas. Quizá por eso la vivencia de la Sudáfrica de un pasado tan reciente es tan fuerte. Hace sólo 13 años que ese país abolió el Apartheid. Increíblemente, fue en los primeros años de la década de los 60, cuando Estados Unidos abolía la segregación, que Sudáfrica la legalizaba.
El año 1991, cuando el régimen puso en libertad a Nelson Mandela, luego de 27 años de prisión, comenzó el trabajo de una comisión que investigó, escuchó testimonios en vivo y los difundió sin censura a través de los medios de comunicación perfilando la horrorosa historia del Apartheid. Una historia de discriminación y violencia.
Durante meses, la población sudafricana, blanca y negra, se enfrentó con la verdad y su carga de muerte, pero también identificó la carga positiva y esperanzadora de la resistencia negra de esos años interminables, la capacidad de perdón de Nelson Mandela y su mirada capaz de visualizar un futuro de paz.
Los protagonistas del ´milagro sudafricano´ se enorgullecen de haber añadido al nombre de la Comisión de la Verdad la palabra Reconciliación. La verdad era fundamentalmente necesaria porque era imposible siquiera plantearse una convivencia interracial sin enfrentar los horrores del apartheid, sindicar y mostrar a sus responsables y acumular su infamia para mostrarla luego, como efectivamente se ha hecho, en un museo. Un museo de la infamia, erigido como la más brutal pedagogía social. La vitrina de la historia para poder decir, sin dudar, ´nunca más´.
Pero la Verdad no era suficiente. Sin Reconciliación, el trabajo de la Comisión y el proceso político de los sudafricanos hubiera sido sólo un cuchillo hendido en la podredumbre de la historia. Reconciliarse les permitió construir sobre los despojos, levantarse por encima del odio y no destruir lo que tenían, por ejemplo instituciones, aparato productivo, posición para la exportación. Gracias a eso hay ´milagro sudafricano´.
Por eso, más fuerte aún que el pasado es lo que en esos casi 15 años los negros y los blancos de Sudáfrica están logrando: justicia, crecimiento económico, empoderamiento político y económico de la población negra, continuidad de su aparato institucional y reconocimiento internacional.
Falta mucho… ¡por supuesto¡ tienen que seguir luchando contra la pobreza, mejorar la distribución de la riqueza y avanzar hacia una vida cotidiana y económica verdaderamente interracial y equitativa. Aparentemente, saben la dimensión de sus desafíos y siguen construyendo una ruta para enfrentarlos. Para lograrlo están aplicando una estrategia basada en un secreto que se conoce a voces y que se llama perdón sin olvido.
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