Una vez más se está haciendo el esfuerzo de inculcar en los bolivianos, en particular en las amas de casa, el consumo cotidiano de cereales debido al alto valor nutritivo que tienen éstos y la circunstancia de que en el país se produce la mayor parte.
Cuando se circula por las vías públicas, se observa que la juventud actual es, en general, de baja estatura. De paso, se sabe que la anemia es casi una constante en la población, como pueden certificar los centros médicos que alguna vez han debido rechazar a donantes de sangre por el bajo nivel de leucocitos.
El Ministerio de Salud se ha propuesto desarrollar una agresiva campaña contra la desnutrición, a través de la cual insta a la ciudadanía, y principalmente a la niñez y la juventud, a consumir productos naturales con contenido de hierro y vitaminas. El objetivo final es llegar a desnutrición cero. Empero, lo que estaría faltando es hacer una campaña publicitaria permanente en los medios de comunicación, tanto como el Gobierno lo hace con fines políticos.
Los cereales y granos producidos en el país son la quinua, la avena, los frijoles, la cañahua, la cebada, el amaranto y el sésamo (este último en desarrollo). Con el fin de hacerlos más apetecibles se presentan en diversos sabores y en estado fácil de preparar: con leche y agua, y para su consumo caliente o frío.
La tarea inicial que se ejecuta es incorporar los cereales a los subsidios familiares de los trabajadores, los cuales son financiados en forma mensual por las empresas. La Razón obtuvo el testimonio de una madre beneficiaria del subsidio de lactancia, quien aseguró que los cereales los aprovecha plenamente, tanto para alimentarse ella y dar de lactar a su hijo, como para acostumbrar a éste a ser consumidor constante de los cereales.