La violencia del crimen organizado que azota a México con unos 2.500 ejecutados en lo que va del 2007 se ha extendido incluso a cantantes populares en una serie que sumó en los últimos días a dos representantes de la llamada música grupera.
Al grito de “¡justicia! ¡justicia!”, cientos de fanáticos se congregaron el martes en una funeraria de la Ciudad de México para despedir a Sergio Gómez, líder de la banda “K-Paz de la Sierra”, secuestrado el domingo en Michoacán y estrangulado después de que le quemaron los testículos. Su cuerpo fue hallado el lunes en la capital de ese estado.
El vocalista del grupo, que ha alcanzado fama en el sur de Estados Unidos por temas como Pero te vas a arrepentir y Mi credo, había recibido amenazas de muerte un día antes de su presentación en Michoacán. Hasta el momento, las autoridades no han podido encontrar el móvil del asesinato, y los especialistas tienen hipótesis encontradas.
El sábado pasado, Zayda Peña (28 años) murió en un hospital al que fue trasladada tras haber sido baleada en un motel de Matamoros, noreste de México. A la lista de cantantes asesinados se suma Trigo Figueroa, hijo del popular Joan Sebastian, acribillado de un disparo en la nuca en agosto del 2006. México, AFP