El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, mantiene su amenaza de convertir a Bolivia en un Vietnam en el caso de que algo le pasara al presidente Evo Morales. No sabemos cuánto ha avanzado su proyecto, pero por lo menos uno de sus aviones hizo la semana pasada un ensayo de evacuación apresurada, exactamente como habían hecho las tropas estadounidenses al abandonar Saigón, aquel 30 de abril de 1975.
Extraño ensayo, que comienza por el final. Ahora le falta el resto. Debe mandar tropas. Muchas tropas. Y comenzar a combatir a los bolivianos. Hay muchos que están ansiosos porque venga. Pero en persona.
Y falta explicar qué pasó con el avión en Río Branco. Se sabe que los militares brasileños estaban a punto de ingresar a la nave para inspeccionarla y recibieron una orden de Planalto (Palacio de Gobierno) para que no lo hagan. La explicación fue que era un avión en son de paz. Se sospecha en Brasil que llevaba una carga que podía ser políticamente explosiva.
El presidente Evo Morales, entretanto, está actuando también como las tropas norteamericanas en Vietnam. Está acorralado. El viernes no pudo llegar al departamento de Chuquisaca para festejar el descubrimiento de un nuevo campo de gas natural porque los sucrenses no permitieron operar al helicóptero, también venezolano, que debía llevarlo hasta Caipipendi. Y ha ordenado que la Asamblea Constituyente se reúna en Oruro, porque no puede hacerlo ni en Sucre, ni en Cochabamba, ni en Pando, ni en Beni, ni en Santa Cruz ni en Tarija.
En Vietnam, los norteamericanos terminaron refugiándose en Saigón, mientras perdían control de todo el resto del territorio. El presidente Morales está ahora refugiado en La Paz y la única opción que tiene es ir a Oruro o al Chapare.
¿Cómo es que Evo Morales, con semejante apoyo electoral, con tanto carisma, con tanta esperanza que representaba, se ha hecho tan resistido? ¿Cómo hizo para despilfarrar tanto apoyo en tan poco tiempo?
Ha logrado, en menos de dos años, acumular un enorme porcentaje de voto negativo en las encuestas. Como Gonzalo Sánchez de Lozada. Cuando aquel presidente se fue, también a la carrera, a bordo de un helicóptero, creo que norteamericano, hace tan poco tiempo, tenía apoyo de su gente, pero todo el resto lo detestaba.
Y pensar que las ideas de Evo Morales eran buenas. Las primeras. Eso de recuperar YPFB fue algo en que todos estábamos de acuerdo. Y algunas cosas más, como la tarifa telefónica uniforme para celulares. Pero alguien le sugirió que debía introducir, junto a su programa de gobierno, una dosis muy grande de odio.
Y ahí comenzó a ser impopular. Decidió elegir un enemigo, al que había que culpar de todos los males. Hitler lo había hecho hace como ochenta años. Para Morales los enemigos eran los ¿oligarcas? cruceños. Todo debía ser dirigido contra ellos. También decidió, craso error, que había que odiar a los k\'aras y a los mestizos que, juntos, son 70 por ciento de la población.
Y la nación boliviana, que ha sobrevivido a tantos problemas, tiene sus autodefensas y sus antivirus. Si alguien dudaba de la existencia de la nación boliviana, que vea ahora lo que le está pasando al que se propuso dividirla.
*Humberto Vacaflor G. es periodista
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