Su Excelencia nos ha salido con lo que coloquialmente se llama una ocurrencia. Porque proponer un referéndum revocatorio a estas alturas, es o absolutamente irracional, o una genial estrategia distractiva para no poner en evidencia el rotundo fracaso en el que se ha convertido el proceso de la refundación de este pedacito del Tahuantinsuyo y su anexo de las tierras bajas.
La propuesta del señor Presidente es inconstitucional, pues mal que le pese, aún estamos funcionando bajo la antigua y buena ley de leyes, y no existe en ese marco la figura de un referéndum revocatorio. Se podría decir que su Excelencia ha estado demasiado atento a ´Aló Presidente´, y se ha equivocado de las reglas del juego.
Aunque tenemos que admitir que de un tiempo a esta parte se ha sido muy flexible en cuanto a lo que manda la Constitución, vale recordar que la elección de prefectos tampoco está contemplada en nuestra agonizante Carta Magna.
Pero el problema no queda sólo allí. Suponiendo que se le sigue la corriente a don Evo (sólo para no tener que oírle decir otra vez que no lo quieren porque es indio), y si los participantes del concurso salen airosos, incluyendo el Primer Mandatario por supuesto, estaremos en las mismas que antes.
Si es que alguno es repudiado por la población, se tendrá una acefalía en alguna prefectura. ¿Y qué? Lo cierto es que lo que propone don Ego (discúlpese el lapsus dedus) no soluciona nada, y ni siquiera le daría al Presidente más poder. En otras palabras, hacer el referéndum sería tirar la plata; para colmo, si las cosas saliesen como los masitas pretendían, entonces estaríamos a las puertas de la aprobación de la nueva Constitución, referéndum de por medio, y rumbo a nuevas elecciones. Con la nueva Constitución, cambiarían de todos modos los actores, y ahí tendríamos algo mucho más completo que un referéndum revocatorio, Y don Evo podría empezar a reinar de a de veras, sin leyes que le molesten o le limiten en su ejercicio el poder.
Entonces, ¿por qué el pedido de Su Excelencia? Tal vez porque él mismo y quienes lo rodean saben que esa constitución, aprobada en grande de una manera vergonzosa, engendrada no en el recinto propicio, del teatro gran Mariscal, sino detrás de bambalinas, en algún tugurio cercano a la plaza Murillo, y sin que se sepa quiénes son los verdaderos padres, es un bodrio, un documento defectuoso, casi imposible de aplicar. Y no sólo por el rechazo que una parte de la población va a tener hacia éste, sino por las contradicciones internas del mismo. Y así, si se arma el entremés del referéndum, se puede hallar una buena excusa para alargar la vida de esa penosa Asamblea y para rehacer el penoso escrito.
Por el otro lado, viéndolo así, hasta meritorio don Evo porque está dispuesto a hacer el ridículo con tal de salvar la Asamblea.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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