Se dice por ahí que en materia económica, a los gobiernos no se los juzga por sus medidas, sino por sus resultados concretos en materia de crecimiento, empleo o inflación. Obviamente, no es el único criterio de evaluación. Los temas sociales y políticos también son muy relevantes, pero hay gente mucho más competente que yo para hacerlo. El año que termina fue excepcional en términos del contexto económico internacional. Lamentablemente, la champa guerra política, entre el Gobierno y la oposición, aguaron lo que podía haber sido un Woodstock macroeconómico maldito. Lo que nos restó fue un michi crecimiento, que con suerte estará en torno del 3,8 por ciento. El desempleo y subempleo siguen muy altos. Y la inflación sobrepasará los dos dígitos, entre 12 y 13%, en el 2007. ¡Aguafiestas!
Bueno, la cifra de inflación no es para morirse, pero tampoco para dormirse. Por cierto, antes que los valores, lo que preocupa en perspectiva es que algunos demonios del pasado, como la especulación, la puja distributiva y el populismo fiscal, han vuelto a posiciones de apronte frente a la llama de la inflación. Los indicadores macroeconómicos del año que languidece deberían ruborizar las tiernas mejillas de nuestras autoridades que prometieron cátedra en economía, o por lo menos producirles un bronceado color api en las caucas. Los resultados son pobres, especialmente si se los compara con el desempeño de América Latina y si se recuerda que la región enfrenta un fabuloso contexto económico mundial. Para muestra dos botones: el Perú crecerá por encima del 7% y su inflación estará en torno de 1,5%. En la Argentina, el producto crecerá al 7,5%, y la inflación tal vez ronde el 10%. La explicación de que el pobre desempeño nacional se debe al fenómeno de El Niño, si bien es cierta, es incompleta. Nuestras políticas públicas (macroeconómicas, sectoriales e industriales) fueron tímidas, para decir lo menos, y en algunos casos le dieron la espalda a la suerte y bonanza.
Una primera conclusión es que, por segundo año consecutivo, no se aprovechó lo suficiente el choque positivo de ingresos que tuvimos. Cabe recordar que la lluvia de recursos en Bolivia tiene cuatro orígenes. i) Nuestras exportaciones, en el año que languidece, estarán nuevamente, en torno de 4 mil millones de dólares, más del doble de las que exportamos, en promedio anual, en los últimos treinta años. ii) La nacionalización en el sector de hidrocarburos implica unos 700 millones de dólares adicionales para las arcas públicas. iii) Las remesas de los compatriotas, esparcidos por el mundo, en especial España, alcanzan a un mil millones de verdes por año. Las malas lenguas dicen que tan bueno como exportar gas, es exportar bolis. iv) Cerca de 200 millones de dólares son resultado de los perdonazos de deuda. Si a este ingreso masivo de dinero añadimos los recursos de la cooperación internacional, 600 millones de dólares, llegaremos a la conclusión que si este cañonazo de plata hubiera entrado a la velocidad suficiente al cuerpo económico del país, nuestra tasa de crecimiento debería ser superior al 7%. Buena parte de esta marmaja se fue al gasto público y privado, presionando la inflación, y no se dirigió a la inversión, que era lo deseable.
Las políticas macroeconómicas sufrieron de dislexia. La mano derecha neoliberal, administrada por el Banco Central de Bolivia, optó por políticas monetarias contractivas (aumento de tasas de interés) y promovió la apreciación del tipo de cambio con el objetivo de controlar la inflación. La tan publicitada acción pro crecimiento quedó en el discurso. Entretanto, la mano izquierda neopopulista dio rienda suelta al gasto con plata propia y ajena. No hubo prácticamente política sectorial, ni siquiera en los de auge como el minero y el hidrocarburífero. El resultado es que aumentan las exportaciones pero la producción baja. Puro efecto precios, muy baja inversión. En políticas industriales, el Gobierno las tiene como asignatura pendiente.
Para el futuro, algunas preocupaciones algo desordenadas. En enero y febrero las presiones por aumentos salariales serán muy fuertes. Si el Gobierno cede y los salarios aumentan en más del 10%, será muy difícil desmentir las proyecciones de los malvados del FMI, que para el 2008 ven una inflación de 16%. La inversión, tanto pública como privada sigue muy baja y no hay visos de mejoría. Aquí se espera realmente política de shock para superar el letargo. El crecimiento de la deuda interna es también un foco rojo en la administración de la política económica. Ésta creció muy rápidamente, de 100 millones, a inicios de los años 90, a más de tres mil millones de dólares en el 2007. El 2008 tiene que ser el año de la revolución productiva, este año se hizo muy poco. Al año, YPFB manejará casi un 40% del PIB, cuatro mil millones de dólares. En este sector necesitamos un milagro de gestión y eficiencia. Llegan las fiestas y no puedo perder la fe, así que tal vez Papá Noel nos dé una sorpresa, y el 2008, tengamos un Woodstock económico.
Éste es mi último artículo del año. Luz, sensatez, paz y solidaridad para todos. Gracias por su lectura dominical. Hasta enero.
Igualito que en Saigón
El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, mantiene su amenaza de convertir a Bolivia en un Vietnam en el caso de que algo le pasara al presidente Evo Morales.
La grosería de Chávez
La más crasa grosería ensució las actuaciones públicas del venezolano Hugo Chávez, una vez que, el pasado domingo, perdió el referéndum sobre una reforma constitucional totalitaria que él había promovido con el fin de asegurase más poder.
Referéndum
Su Excelencia nos ha salido con lo que coloquialmente se llama una ocurrencia. Porque proponer un referéndum revocatorio a estas alturas, es o absolutamente irracional,
Desdolarización..., ¿otra vez?
Durante el gobierno de la Unidad Democrática y Popular (UDP), mi pobre tía Luz del Castillo recogió tan sólo 40 de los 40 mil dólares que su difunto esposo, el tío Lucho, le había dejado antes de su fallecimiento,
Revocar el abismo
S i aún nos queda un ápice de serenidad y de sentido de sobrevivencia, no debiera ser imposible comprender que el camino que hemos emprendido es suicida.
Guerra de las papeleras
Desde el siglo XVII, la industria del papel se ha desarrollado a ritmo acelerado. Los avances técnicos y la expansión de la cultura, hicieron del papel el medio indispensable para la comunicación en el mundo.