Sin hacer alarde de una perspicacia sociopolítica y psicoanalítica muy aventajada, se puede advertir que ha sido una irresponsabilidad dictatorial —por parte del oficialismo y sus aliados— la utilización de mecanismos fuera de normas para aprobar en detalle los 411 artículos del nuevo texto constitucional; ratificando una vez más que el gobierno del presidente Evo Morales no tiene la menor idea de cómo gobernar el país de forma concertadora e integradora.
Una sesión declarada por tiempo y materia, amparada bajo el cambio sorpresivo de la sede para la plenaria (del Lauca Ñ al Centro de Convenciones de la Universidad Técnica de Oruro), custodiada por sectores afines al oficialismo, en un ambiente signado por un debate casi inexistente, con una lectura de corrido que no permitió leer a detalle cada artículo y, por si fuera poco, con un texto que profundiza aun más los resquebrajamientos sociopolíticos nacionales, es el contexto que regocija y congratula al MAS y a sus aliados.
En un contexto de características democráticas, la aprobación en detalle de la CPE implica una derrota que no es de nadie en particular, sino de Bolivia toda. Porque esta forma inédita de integrar y profundizar la democracia en Bolivia puede lesionar seriamente la institucionalidad democrática. Una cosa es proponer un proyecto de una nueva arquitectura constitucional y ponerla a consideración y otra, muy distinta, es dejar que la inercia de intereses —muchas veces irreconciliables—nos pongan en las puertas del desgobierno institucionalizado. Sólo la ignorancia supina y el oportunismo político pueden elogiar al disparate demagógico del Centro de Convenciones de la UTO como una victoria nacional.
A su vez, por mucho que sea el apoyo popular obtenido por el MAS en las urnas, la ciudadanía boliviana se está cansando de ilegalidades, intolerancias, mezquindades, incompetencias, autoritarismos y de la insistencia en utilizar mecanismos que se burlan de la concertación, los consensos regionales y sectoriales, del marco legal establecido en la Ley de Convocatoria y de la normativa interna de la Asamblea Constituyente y, por sobre todo, de la permanente ridiculización de la vigencia del Estado de Derecho, al establecer escenarios antidemocráticos para la consecución de objetivos políticos. Por ende, no encuentra motivos para festejar nada.
Por otra parte, quienes deseamos contar con una Constitución genuinamente democrática, quienes no asumimos que ha sido por obra y gracia de ´asambleas constituyentes´ que se construyeron las sociedades más sólidas y estables, sino más bien con el respeto invariable a la institucionalidad por parte de gobernantes y gobernados, y quienes sostenemos que más importa la actitud que el contenido —puesto que con una buena actitud es posible ponerse de acuerdo en el contenido—, esperamos encontrar motivos para festejar una nueva Carta Magna entre la ciudadanía y todas las regiones de nuestra policroma realidad socio-cultural.
Y, finalmente, porque no comparto el criterio de quienes piensan que la democracia es celestina de cualquier antojo, espero como muchos bolivianos contar con una Constitución Política del Estado que sea capaz de unificar al conjunto poblacional, convocar amplios consensos y que vea riquezas y no amenazas en la diversidad de ideas.
*Mariella Pereyra es cientista política.
CPE o Carta Magna
Un aspecto que tiene trascendencia en todo cuanto al constitucionalismo en general se refiere, es el inherente a la terminología que debe utilizarse con la debida pertinencia para evitar dudas y, consiguientemente, erróneas interpretaciones.
Sin orden ni concierto
Desde hace algunos años a esta parte, cuando los parlamentarios cantan el Himno Nacional en el Congreso es que se ha aprobado algún disparate. El domingo, leía el periódico, cuando a las 11.30 escuché en la televisión que se cantaba el himno.
Derechos de los animales
Los "humanos", en nuestra arrogancia y en abuso de nuestra inteligencia reducimos a los animales a objetos.
África dice no
La cumbre Europa-África ha terminado como suelen hacerlo estos acontecimientos, con grandes palabras y poca sustancia, algo inevitable cuando, como es el caso