Aprobar 411 artículos, más algunas disposiciones transitorias, del proyecto de Constitución del MAS en sólo 16 horas, leídos de un tirón, sin apenas debate y con sólo la cita del número del artículo, con la presencia de sólo 164 de los 255 ciudadanos que conforman la Asamblea, entre somnolencias y bostezos, todo hecho medio de escondidas en el área minera de Vinto, dígame usted si no merece de un trofeo olímpico. Pero, de ninguna manera es un modelo de consenso ni un certificado de correcto ejercicio electoral ni de seriedad ciudadana ni de pluralismo democrático ni garantía de que esa carta fundamental garantizará la seguridad jurídica de los bolivianos. Algún espíritu minucioso se preguntará si el texto fue aprobado ´en detalle´ o ´al por mayor´. Ese premio olímpico debería repartirse en las correspondientes preseas individuales para los constituyentes del MAS, sus ahijados y entenados que obedecieron fielmente al diktat del gran patrón, aun sin haber leído el texto. Tal forma de aprobar un proyecto constitucional, aunque todavía haya que someterlo a dos referendos nacionales, ha de provocar justificadas resistencias. Y es natural que así ocurra, pues es una ofensa al sentido democrático y a la inteligencia cívica de la mayoría nacional. Y no digo nada nuevo. Está previsto que los primeros en resistir el modelo constitucional son los departamentos autonómicos de la llamada media luna. Les sigue un amplio sector de la ciudadanía, especialmente de la clase media, que no acepta esta burda imposición del Gobierno masista, de una Carta Magna a su gusto, sin un mínimo de consenso y sin que se hubiera debatido artículo por artículo, hasta el punto final.
Me pregunto si con esta forma de aprobar un proyecto seudoconstitucional no hemos llegado a la ´bifurcación´ que anunciaba el Vicepresidente hace unas semanas. Bifurcación entre un relativo y atemorizado statu quo en que el país ha estado malviviendo desde hace dos años, y la revolución socio-indigenista a cara descubierta que siempre ha inspirado a Evo Morales y al propio García Linera. Esta bifurcación anuncia negros nubarrones entre oriente y occidente e incluso en el influyente occidente urbano.
Entre la aprobación ´a granel´ del proyecto constitucional y la futura promulgación del texto definitivo pasarán muchos meses, ojalá que sin graves confrontaciones. Se anuncian dos referendos: uno sobre la tierra y otro sobre la totalidad de la Carta Fundamental. Pero es previsible que las ´bifurcaciones´ sean cada vez más enconadas. Los ánimos se han exaltado. La revuelta del 24 al 26 de noviembre en Sucre, en las que se desató la demencia de unos universitarios incitados por ciertos políticos, derivó en el incendio de establecimientos policiales y en la huida humillante de los encargados por oficio de preservar el orden público, así como en el repliegue de la Asamblea para salvar el pellejo. He aquí un anuncio no deseado de otros hechos que pueden reproducirse.
Una nueva —¡otra!— acción pacificadora de la Iglesia podría amainar la tempestad, si es que existiera predisposición de las partes ´bifurcadas´. Difícil. Son demasiado profundas las rivalidades y las codicias de poder.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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