Los talleres de artesanía de Belén trabajan sin cesar para recibir con pesebres, cruces y rosarios en madera de olivo a miles de peregrinos que vendrán en Navidad a la ciudad que vio nacer a Jesús.
En su mayoría regentadas por árabes cristianos, estas humildes factorías, en torno al medio centenar, preservan hace generaciones la imaginería navideña con tallas hechas a mano y la ayuda de rudimentarias máquinas.
Y es que Belén es uno de los escasos lugares del mundo donde la Navidad conserva el espíritu de sencillez y devoción de los primeros cristianos, frente a la avalancha de compras frenéticas de última hora con que generalmente se conmemora la fecha.
El alcalde de Belén, Víctor Batarse, calcula que 600.000 personas habrán visitado la ciudad al acabar el año, casi tantas como el 2000, cuando el entonces papa Juan Pablo II la visitó meses antes del estallido de la Segunda Intifada, que hundió el peregrinaje a la región. Belén (Cisjordania), EFE