Ya está de buen tamaño que el Presidente vaya por calles y plazas —y en el exterior también— hablando pestes de los cruceños. Tiene una fijación mental de racismo y revancha con Santa Cruz, que parece realmente atávica. Si él y sus antepasados fueron mineros, su odio debería estar contra esos patrones de las minas, que, según él, los escupían, los humillaban, y les quemaban los ojos o les cortaban las manos cuando aprendían a leer y escribir. Eso lo ha dicho por cuanto país ha visitado. Ahora bien, conociendo a S.E., sabemos que muchas de esas cosas son embustes, y que, en todo caso, él no lo padeció. Se lo contaron en el MAS. Y en el fondo, su aborrecimiento no es sólo contra los cruceños, sino contra los blancos en general, o si se quiere, contra los que tienen una pigmentación blancoide en la piel, para que no digan que hablamos de arios.
Porque está visto que, fuera de su círculo íntimo de k’aras, que son los que ponen la materia gris en el MAS, considera su enemigo a todo blancón, sea tarijeño, chuquisaqueño, camba o colla de cualquier lado. S.E. ya ha hecho una división del país en su cabeza. A su lado están los indios y cholos y al otro los blanquitos. Pese a que se queja de que le dicen ´indio´, o de que en sectores de Bolivia no se tolera que un indio pueda gobernar, gobierna nomás, pero, asimismo, se siente feliz en el Palacio y ama el poder. En el fondo, gran parte del fracaso de la Constituyente —porque es un rotundo fiasco— se debe a su tozudez en insistir en su reelección indefinida a la presidencia. Se cree un predestinado. Así que sus amigos del MAS que tengan alguna ambición sucesoria, podrán sentarse a esperar.
Está bueno que nos entendamos de una vez. Aquí no se trata de que un indio o un cholo estén en el Gobierno. Muchos como él ya han sido presidentes. Con la diferencia de que no se vestían igual. Y cholos como él han sido, además, buenos mandatarios. El rechazo de una gran parte del país a Evo Morales, entonces, no es por su raza, sino por su incapacidad para gobernar y su enorme capacidad para odiar. Sus llamados al diálogo son para reír. No existe acto, en el Palacio, en el campo, en los sindicatos, en el exterior, donde no destile ira. Eso es: ira. El Presidente es un iracundo. Y por si fuera poco, la bronca que S.E. tiene metida en el alma, la alimentan unos bellacos que lo incitan a hacer estupideces como ha sido lo de la Asamblea Constituyente. Porque no hay derecho a que hayan elaborado una Constitución racista, además de tramposa. Eso ya es el colmo. Y todavía lo quieren comparar con Mandela. ¿Sus asesores no le han contado a S.E. que en la Constitución sudafricana no aparece la palabra ´negro´ o ´blanco´? ¿Y que Mandela sí supo de cárceles y torturas, que Evo Morales no conoce ni por el forro? Porque también en eso miente el Presidente. Quiere aparecer como una víctima maltratada y acosada en las cárceles de la oligarquía, cuando era él quien ordenaba barbaridades sin nombre en el Chapare.
Pues bien. Gracias a su arbitrariedad y a su engreimiento, Bolivia, en dos años, ya no soporta a S.E. Pero eso no significa que se lo quiera tumbar, como él denuncia diariamente. Sólo que cuatro departamentos han optado por la autonomía lo antes posible. Y dos —Cochabamba y Chuquisaca— darán los pasos democráticos necesarios para hacerse autónomos también. Todo dentro de la ley. Además, todo reconocido por el actual Gobierno. Quien quiera autonomía la tendrá, quien no la quiera no. Aquí no se trata de racismo, ni de separatismo, ni se obliga a nadie. Se trata de que ha llegado la hora de que los déspotas no tengan tanto poder. Eso de poner y quitar a su gusto, ya no va. Eso de robarle las regalías a los departamentos con una firma, ya no corre. Arrebatar el IDH a las regiones es como si a Santa Cruz alguien le quitara el 11 por ciento de sus regalías, ganado hace años a sangre y fuego. Hoy los cruceños festejarán la autonomía y los masistas la Constitución. Veremos cuál dura más.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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