Los voluntarios recorren la ciudad de La Paz desde noviembre con ánforas para recaudar los 71.000 dólares necesarios para provocar las sonrisas de 60.000 niños. Ya son 16 años de esta campaña.
Texto: Ingrid Rojas Peralta Fotos: Ángel Illanes
Anforear” es un término que no está en el diccionario. La cosa es explicárselo a los 600 jóvenes voluntarios que, desde noviembre, salen portando un ánfora por las calles de La Paz. Su misión es recaudar dinero para poder comprar juguetes para los niños pobres. Es Navidad.
Por la sonrisa de un niño es el lema de la campaña de fin de año que desde hace 16 años hace latir la ciudad. Lleva en su haber la entrega de 573.536 juguetes a niños sin recursos, y en su debe, los 71.000 dólares que costarán los 60.000 juguetes de este año.
Fue el sacerdote Eduardo Pérez, fundador de la organización, quien bautizó a los voluntarios que hacen la recolección como Carros de Fuego, el nombre de una película de Hugh Hudson que relata la vida de dos hombres que superan todos los obstáculos para llegar a sus metas. “Son luchadores que se fijaron una meta y la cumplen. Eso hacemos nosotros”, explica Marcela Michel, una de las coordinadoras de comunicación.
En 1990 se inició la primera campaña y se entregaron 120 juguetes con el trabajo de cinco voluntarios. En 1992, la cantidad de regalos ascendió a 10.000, con el trabajo de 20 jóvenes. La meta para cada año siempre es mayor, por lo que los organizadores buscan más jóvenes para la recaudación.
Solidarios de profesión
Cuatro de la tarde. La gente camina por una vereda del Shopping Norte, pero antes de doblar la esquina, es interceptada por Cecilia Ramírez y Andrea Alcázar. “Te lo voy a cantar, te lo voy a bailar, pero por favor, ¿puedes aportar?”, suplican.
Según sus cálculos, por lo menos dos de cada cinco personas meten monedas o billetes en el hueco del ánfora que los organizadores de la campaña abrirán al final de la tarde para revelar el monto recaudado en el día.
Dirigidos por Ricardo Pericón, el grupo se caracteriza por estar conformado por jóvenes. Mientras “anforean” por las calles deben cumplir varias reglas como: no beber, no fumar y no decir groserías, entre otras. Cada miembro firma un documento con las normas para poder ser un Carro de Fuego.
“Nos da una buena formación que muestra que puedes hacer algo sin recibir nada material”, cuenta Fernando. Su compañero, Luis Carlos Morales, es voluntario porque le gusta poner su “granito de arena para las personas que por mala suerte no tienen recursos para un regalo y nosotros, que sí tenemos, podemos ayudar”.
Mientras, en la sede, Raúl Saavedra espera con ansias recoger su credencial para ser parte del grupo. ¿Por qué quiere ser voluntario? “Estoy de vacaciones, no tengo mucho que hacer y qué mejor que hacer esto para ayudar a los niños”.
“El primer año que participé en la campaña fuimos a anforear y encontramos a los chicos lustrabotas en el lugar, uno de ellos nos preguntó dónde había que recoger los regalos, le explicamos y se nos acercó a darnos una moneda y nos dijo: ‘Para mi regalo’”, cuenta Gabriel Rodríguez, como una de las anécdotas que se comparten al mediodía o al final de la tarde, cuando los jóvenes abren las ánforas y aprovechan para hacer amigos y contar sus experiencias.
Difícil camino a la meta
La diversión es parte de la experiencia. Por ejemplo, en el día de la competencia de ánforas, “cuando todos los Carros de Fuego salen a las calles y gana quien recaudó más” —cuenta el voluntario Marco Reyes—, la adrenalina está a flor de piel y los jóvenes se ingenian mil formas para conseguir donativos.
Uno de los picos más altos llega con la Radiotón, transmisión continua de tres días por Radio Fides en que se espera concluir la recaudación. Sin embargo, el 2006, algo falló. “Faltaban alrededor de 1.500 dólares y todos estábamos preocupados”, recuerda la coordinadora Varinia Riveros. Sin embargo, los Carros de Fuego organizaron un plan de contingencia y buscaron recursos en sus casas y con los amigos. El resultado “fue un milagro”, añade Marcela Michel.
El día más esperado llega con la entrega de regalos a los niños. Este año será el 23 de diciembre en cuatro puntos de la ciudad de La Paz: el estadio Hernando Siles, el Teatro al Aire Libre, el coliseo cerrado Julio Borelli y el Complejo Ferroviario de Viacha.
Hasta que ese día llegue, los Carros de Fuego continuarán en la calle poniendo en práctica aquel verbo que, si bien no figura en los diccionarios, tiene un significado que pesa en el corazón de cada voluntario.