Don Luis Fernando Guachalla, en admirable síntesis, definió en una frase el papel de nuestro país en la región: ´Bolivia, tierra de contactos y no de antagonismos´, que se convirtió, durante las gestiones del canciller don Alberto Ostria Gutiérrez, en guía de una trascendental obra diplomática. Posteriormente, en los años 70, se precisó aún más esta línea, al afirmarse que Bolivia también es tierra de ´gravitaciones múltiples´, pues recibe y proyecta influencias en cinco fronteras, con sus cinco vecinos.
Así, durante décadas, nuestra política internacional de Bolivia mostró su principal prioridad en Sudamérica: sus relaciones con los vecinos más cercanos. Fue muy claro que esta política de ´tierra de contactos´, se orientó a consolidar equilibrios: equidistancia entre Chile y Perú, aunque el sentimiento ciudadano, desde 1879, por la agresión sufrida, se inclinara a los peruanos; y entre Brasil y la Argentina, empeñados en una sorda pugna por el predominio continental, aunque ahora Brasil se yergue como la economía más grande de América Latina y avanza a ser una potencia en la económica mundial.
Pero frecuentemente estuvo presente como elementos cruciales en las relaciones bolivianas bilaterales: las afinidades o diferencias en la orientación política en cada uno de los tres países: Bolivia, Argentina y Brasil. Estas afinidades o diferencias marcaron frecuentes acercamientos y enfriamientos.
La Argentina del peronismo original —ahora casi todos sus políticos, desde los neoliberales hasta los marxistas y guerrilleros, aunque enfrentados, se proclaman ´peronistas´—, tuvo grandes acercamientos basados en elementos ideológicos. No se olvide el apoyo al golpe de Luis García Meza. La diplomacia brasileña fue más cauta; procuró guardar y aún ostenta guardar ese distintivo, inclusive con el izquierdista moderado Inacio ´Lula´ Da Silva una serena y menos involucrada relación, sin mayores matices ideológicos con Bolivia, pero siempre con el propósito subyacente de adquirir más influencia en este Hinterland de la región.
Estos elementos permiten situarnos, ahora, en una nueva etapa complicada y peligrosa. Ésta es la época de los populismos abiertos. Y surge el chavismo venezolano como actor principal, apoyado en sus inmensos ingresos por el petróleo que le permite incursionar en otros países, aun en la Argentina comprándole bonos y, lo que más preocupante, contribuyendo con dinero a campañas electorales, como en el caso del escandaloso maletín des-tinado a la candidatura de la ahora Presidenta argentina, que heredó de su esposo el título de peronista número uno.
Algunos diplomáticos argentinos, para mostrarse idóneos representantes del nuevo gobierno peronista, creen que es su deber mostrarse abiertamente partidarios de un gobierno también populista, como el boliviano. Y así vemos forcejear al actual representante de la señora Cristina aplaudiendo a un gobierno que ciertamente ha cometido ilegalidades manifiestas y vergonzosas. Éste es Horacio Macedo, que dice: ´No existen elementos —vaya pretensión de constitucionalista desorientado— dentro de las pautas de esta Constitución aprobada —no lo está aún, señor embajador, infórmese mejor— que puedan sembrar algún tipo de incertidumbre respecto a la relación bilateral´.
Así es como nos ven los aprendices de brujos…
*Sergio P. Luis es un profesional independiente.
Carnaval político
En uno de los momentos más críticos para el país, después del restablecimiento de la democracia estamos viviendo un carnaval político protagonizado por la Asamblea Constituyente, el Presidente y Vicepresidente de la República, el MAS y Podemos
La unión interoceánica
Algo bueno debe suceder de vez en cuando en el país de la nada, como ha sido la visita a Bolivia, el domingo pasado, de los presidentes de Brasil y Chile. El sábado, el país estaba que ardía con multitudinarios festejos —no exentos de peligros —en La Paz
Iniciación en tramitología
Ha empezado la era de transformación de la abogacía a un estado más puro. Los abogados debemos superar los cientos de siglos de indefinición y falta de identidad.
Guerra contra la Tierra
La lucha contra el calentamiento global corre el riesgo de verse como otra guerra, esta vez de nosotros mismos contra la Tierra o viceversa. El discurso de Al Gore al recibir el pasado lunes en Oslo el premio Nobel de la Paz va, desgraciadamente