En uno de los momentos más críticos para el país, después del restablecimiento de la democracia estamos viviendo un carnaval político protagonizado por la Asamblea Constituyente, el Presidente y Vicepresidente de la República, el MAS y Podemos, los Prefectos y dirigentes cívicos de la llamada media luna. En lugar de buscar soluciones reales y efectivas para la crisis de unidad e integración de Bolivia ofrecen medidas artificiales que darán como resultado mayor polarización, racismo, violencia y confrontación.
Carnaval de una Asamblea que en una sola sesión en Oruro debate y aprueba en tiempo récord 411 artículos (si hubiera vida humana en Marte, los marcianos nos pedirían la fórmula mágica para aprobar una reforma total a la Constitución en una sola sesión). Otros países discuten en tres o más sesiones un solo artículo constitucional por la importancia del tema y se toman el 90% del tiempo de trabajo de la Asamblea Constituyente para discutir en el Pleno los contenidos de la nueva Constitución.
Carnaval de un Presidente y Vicepresidente de la República que proponen una revocatoria de sus mandatos y de los prefectos cuando en la nueva Constitución que plantean ya está incluida la revocatoria de todos estos mandatos. Imagínense la sorpresa del ciudadano que con su voto ha ratificado la confianza de estas autoridades y a los pocos meses adquiere vigencia una Constitución que les revoca su mandato —sería tal el impacto para su dignidad de elector que dejaría de creer en la seriedad de los mecanismos electorales—.
Carnaval de los prefectos y dirigentes de la ´media luna´ que hacen creer a sus seguidores que puede existir jurídicamente un Estatuto Autonómico sin una Constitución previa que reconozca y establezca las bases de un Estado nacional con autonomías. No existe ninguna posibilidad de validez y vigencia jurídica de un Estatuto Autonómico Departamental al margen de una decisión fundamental nacional, de primer nivel, plasmada en una nueva Constitución. Lo contrario no significaría un Estatuto Departamental sino una Constitución de un nuevo Estado independiente.
En la coyuntura, Bolivia es como un paciente que ingresa al quirófano a una cirugía de emergencia. El bisturí que se ha utilizado para operarlo, la Asamblea Constituyente, está tan deteriorado y contaminado, que de seguir insistiendo en su mal uso corremos el riesgo de matar al enfermo. Para salvarlo tenemos que corregir el instrumento o reemplazarlo por otro de la siguiente manera: i) reconducción de la Asamblea Constituyente volviendo en el Pleno a fojas 0 ii) nueva Asamblea sobre otras bases de elección de constituyentes o iii) nuevos Poder Ejecutivo, Prefectos y Congreso Nacional para hacer una reforma constitucional parcial integral.
Si actuamos seriamente y dejamos de lado este carnaval político nos daremos cuenta que la única solución real y efectiva a nuestro problema es un nuevo pacto social concretado en una Constitución de unidad e integración de los bolivianos.
*Carlos Alarcón es abogado constitucionalista.
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