Diciembre de 1982. Gobierno de Hernán Siles Zuazo. Hacía apenas un mes y medio que don Hernán había asumido el gobierno inaugurando estos 25 años de democracia ininterrumpida que aún seguimos disfrutando.
Diciembre de 1996: Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Una marcha de cocaleros llegó a La Paz. Se instalaron varias mesas de negociación.
Diciembre del 2004: Gobierno de Carlos Mesa. Aún están frescas las heridas del octubre negro y pasa a primer plano la denominada ´Agenda de Octubre´.
Diciembre del 2005: Gobierno de Eduardo Rodríguez. Elecciones generales y final de infarto. El MAS ganó con 54%
Diciembre del 2007: Gobierno de Evo Morales Ayma. El Movimiento al Socialismo aprueba su proyecto de Constitución, mientras que cuatro departamentos proponen su estatuto autonómico y llaman a la desobediencia civil.
La lista es sólo una muestra. Usted recordará otras fechas en las que, cerca del final de año, la situación en el país es crítica y esperamos ansiosos las fiestas por el necesario bajón de adrenalina.
Ya parece usual que lleguemos a fin de año pujando, subiendo cuestas, jalando las cuerdas. Pareciera que en Bolivia tenemos el síndrome de Sísifo: subimos la montaña con una piedra a cuestas, mientras más pesada, mejor; mientras más arriba, mejor todavía. Y una vez cerca de la cima... parece que resbalamos, nos vamos hacia abajo, y nos esforzamos por volver a comenzar.
Pero, lo cierto es que, pese a las visiones pesimistas y pese a los oráculos del desastre, avanzamos, porque mantenemos la democracia, porque mejoramos, porque los tiros suenan cerca, pero no llegan y en cambio sí arriban los acuerdos, muchas veces truchos y forzados, pero llegan.
Hoy, como en otras épocas recientes y no tan recientes, estamos enfrentados y confrontados para avanzar en este camino de construcción democrática en el que el pueblo boliviano está empeñando ilusiones, pasiones y paciencia. Y lo hace a fuerza de voto, ese gesto, ese rito, esa señal indiscutible de la democracia que muchos menosprecian y que, sin embargo, nos sigue sirviendo para dirimir nuestros conflictos, para avanzar en posiciones de justicia y para mantener vivo, aunque un tanto maltratado, el impulso de hace 25 años.
Si las cosas siguen como hasta esta semana, el próximo año los bolivianos y las bolivianas iremos a votar al menos tres veces: por el referendo revocatorio, por el referendo dirimidor, por el referendo aprobatorio, por los estatutos autonómicos. ¿Y todavía alguien se anima a menospreciar la importancia del voto?
La vaina es que nuestra vida cotidiana se tiñe de incertidumbre, nuestras conversaciones giran sin parar en la noria de la política y el horizonte no es el futuro abierto, sino lo que se dirá o se hará desde la plaza Murillo. Por eso tengo ch\'aqui de coyuntura. Por eso, mis principales deseos para este fin de año no van a atosigar a los dioses pidiéndoles cordura para los operadores políticos y paz para la gente de buena voluntad. Al contrario, mis deseos son pedestres y sencillos como decidir qué comer, ¿picana o chancho al horno?… y olvidarme de la coyuntura.
*Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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