Lo constitucionalmente democrático ya está agotado en la democracia liberal. Lo que hoy importa es mejorar su efectividad y su gestión. Cuanto más alejadas se encuentran las constituciones políticas y las administraciones públicas de los preceptos liberales en los distintos países del mundo, más predominan la tiranía y la pobreza. Todo ello, independientemente, de lo doloso, lo culposo o lo ingenuo de quienes fueron, y son, las mayorías o las minorías que así lo propusieron.
Recurriendo a las ideas de dos politólogos, Mariano Torcal y Guillermo O\'Donnell, podríamos arrancar con la siguiente explicación: Así, como la desafección ciudadana hacia la política tiene por causas principales la falta de institucionalidad de los partidos y la incapacidad de sus representantes para agregar y gestionar proactivamente las preferencias ciudadanas en el nuevo contexto actual, la pérdida de legitimidad en las instituciones liberales de la democracia se corresponde, particularmente, con la falta de penetración y efectividad del Estado de Derecho en el territorio nacional. Si a este planteamiento le sumásemos el déficit de resultados y la incapacidad de gestión profesional en la administración pública, tendríamos ya esquematizado el presente mapa de análisis. De ahí que, por ejemplo, los partidos tradicionales, con o sin sus nuevos antifaces asociativos (asociaciones ciudadanas) han perdido la confianza que había de la mayoría de los bolivianos. De ahí también que lo liberal de lo democrático —que se intentó fallidamente construir desde hace más de 20 años— ha perdido su legitimidad. Y ésta es la que retroalimenta las instituciones en las democracias prósperas y consolidadas.
Si consideramos las ideas anteriores, no sería descabellado sostener que fueron éstas las principales causas que terminaron por agendar, en la ciudadanía boliviana, la necesidad de un cambio político radical. De esta manera se puede explicar, científicamente, el éxito que ha obtenido el MAS en tal cruzada. Por un lado, su aparición y desenvolvimiento significó una alternativa, es decir, una apuesta diametralmente distinta a la de sus predecesores. Ése fue el escenario en el que, más que por virtudes propias por los vicios de los ya conocidos, se aventuró por la propuesta radical con un importante porcentaje de votos a favor. Desde esta misma lógica podríamos atrevernos a presumir que la aprobación y ratificación mediante referéndum de la nueva Constitución propuesta por el MAS, es inminente.
No obstante, la misma lógica en política no es la misma que en las matemáticas. Conviene puntualizar e incorporar nuevos elementos de análisis. Ésa es la parte estética y metodológica del análisis político. Con el merecido rigor, cabe observar y hacer memoria de los efectos y formas que ha traído —a lo largo de su corto recorrido— aquella apuesta por el cambio radical. Tal ejercicio nos permite afirmar que a semejante propuesta ya se le han planteado considerables reservas y ha generado, sobre todo, miedo e incertidumbre entre muchos de los ciudadanos que formaron parte de ese histórico 50 y pico. Se nota a diario que se han activado y apurado las neuronas de los constitucionalistas liberales para demostrar la inviabilidad de la propuesta masista. Asimismo, se siente emergencia, entre los que vendrían a ser los perjudicados, mientras que los oficialistas, con los ojos vendados de ilusiones y promesas, no reparan en firmar cheques en blanco, pues a sus representantes, con o sin vocación democrática, sólo les interesa tomar el poder por el poder. No deja de ser lamentable, aunque no sorprendente, que desde ambos bandos ya se esté recurriendo a la violencia física y retórica.
Muchos de los ciudadanos que buscaban el cambio ya no simplifican su decisión, ya no todo lo nuevo es mejor ni todo cambio es necesariamente bueno. Destaca, por lo pronto, la necesidad de que se informen más y se analice a fondo los déficit de representación y de institucionalidad de la democracia liberal en Bolivia. No obstante que en la ciencia estos asuntos ya se hayan validado, es un reto político el socializarlos. Finalmente, y recuperando la analogía de la que parte el presente análisis, no cabe duda de que en Bolivia no se cuenta con el stock institucional partidario de corte liberal, con el que precisamente se nos despierta ese afecto hacia la política, indicador principal de una democracia saludable. Parece pues válido y coherente inferir que lo no liberal propuesto por el MAS es tan antidemocrático, como lo es de indefendible lo liberal desde los partidos tradicionales en Bolivia.
Hoy las profundizaciones en el rediseño constitucional se inspiran en modelos de gestión más eficientes que guardan, como guía indiscutible, el componente liberal y la esencia competitiva de la democracia, tanto en términos de equilibrio de poder territorial como deliberativo. El rediseño en estos términos se coteja en función de logros y de resultados, cuando no por lo incremental que conlleva una apuesta totalmente radical. Ni lo malo conocido ni lo totalmente desconocido, ¿habremos aprendido algo de cara al referéndum?
*William Kushner Dávalos, es M.A. de Gobierno y Administración Pública.
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