Cuando la seguridad parecía mejorar en Irak, se abren nuevos abismos. Las incursiones turcas en el Kurdistán iraquí han abierto un nuevo frente innecesario, mientras que en el sur, la vergonzante retirada británica de Basora, imagen de un fracaso, ha sido vivida como un éxito por los insurgentes chiíes y por Al Qaeda.
El presidente de la región autónoma kurda de Irak, Masud Barzani, se negó ayer a participar en la comitiva que acogió a Condoleezza Rice después de que pareciera que EE UU había avalado los bombardeos y la incursión terrestre turca, y declarado al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) como ´enemigo común´. El Kurdistán ha vivido desde 1991 en un régimen de autonomía y bajo supervisión internacional y bajo la apariencia de un oasis de paz en medio de un Irak desgarrado por la violencia de unos y otros. Aún quedan cuestiones importantes por resolver, como saber si se va a integrar o no la zona de Kirkuk, rica en petróleo, algo que se debía dirimir en un referéndum este mes y que ha sido postergado sine die.
La reducción en el número de atentados en Irak se debe a razones varias, pero una y principal parece haber sido el acercamiento entre EEUU e Irán al que, a pesar o a favor de la Administración, ha ayudado la conclusión del espionaje estadounidense según la cual Teherán abandonó su programa nuclear militar tres años atrás. Otra, que el Ejército del Mahdi (chií), milicia vinculada al clérigo radical Múqtada al Sáder, se está refrenando, quizá porque quiere convertirse en un partido político.
Aunque aún son insoportables los niveles de atentados y de muertes de civiles y militares, el descenso en las cifras de violencia tiene que ver también, más que con la llegada de refuerzos —los 30.000 que ha enviado Bush— con que EEUU ha logrado meter una cuña —que le cuesta lo suyo en dólares mantener— entre los suníes y Al Qaeda. Pero ésta sabe aprovechar cualquier resquicio. Y así vive cada retirada como una victoria propia, como en su día la salida de los militares estadounidenses de Arabia Saudí, de los israelíes de Gaza, y ahora de los británicos de Basora, ´huyendo´, como lo ha calificado Al Zawahiri, el número dos de la red terrorista. En cualquier caso, los británicos se han retirado sin haber logrado pacificar la única zona sobre la que tenían responsabilidad directa y dejando una situación de inseguridad abierta para la población.
En el seno del Ejército estadounidense se ha abierto un debate sobre si debería reducirse la presencia militar en Irak para reforzarla en Afganistán, donde se está perdiendo el control de la guerra con el regreso reforzado de los talibanes y de Al Qaeda y sus brutales métodos de atentados suicidas. Todo funciona como vasos comunicantes. Por eso, lo último que necesitaba la región era esa apertura de un nuevo frente en el Kurdistán, además en clara violación de la legalidad internacional por parte de Turquía.
*El País de Madrid para La Razón.
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