Artistas de todos los tiempos han puesto lo mejor de su habilidad en retratar los variados y extraordinarios personajes que desarrollaron algún papel en el nacimiento de Jesús. Más allá de reproducir las formas superficiales y visibles, tuvieron que desentrañar el insondable misterio que envuelve el histórico acontecimiento. Y así lo continuarán haciendo, como un motivo de inspiración que no se acaba. Herodes, el reyezuelo voluptuoso y servil al dominador de su pueblo sometido. Cuando Juan le anuncia la llegada del Salvador, brotan las suspicacias de que un advenedizo Rey de Israel le desplace de su cargo. O quizá sea posible ganárselo a fuerza de adulaciones y zalemas, además de un poco de suerte, con tal de que le mantenga las granjerías y los honores de una corte provinciana. Aunque, al fin, y por la dudas, ordenará un despiadado genocidio de infantes para que jamás, ninguno llegue a disputarle la corona.
Pilato. El veleidoso funcionario imperial, celoso guardián de que el pueblo colonizado se mantenga sumiso al poder romano y que pague sus tributos hasta el último sextercio. Y, por encima de todo, procure que la gente no se deje engatusar por el nuevo líder salvador del que hablan las escrituras judaicas.
Los ángeles: criaturas excepcionales con el don sublime de anunciar y cantar el hecho más grande de la historia: os ha nacido un salvador a vosotros los hombres y mujeres a quienes ama el Señor. Y un deseo, el de la paz, que entre todos, nos empeñaremos en frustrar.
Los pastores: los pobres, frugales y harapientos por necesidad, analfabetos, gente sencilla y buena, incontaminada de los resabios propios de quienes habitan los pueblos y ciudades. Sin más amigo fiel que el perro que guarda el orden del rebaño. Pero son los primeros escogidos para recibir el gran mensaje que cambiará la historia.
San José, el más humilde, obediente y discreto de los siervos de Yavé. Y María, la llena de gracia, escogida entre todas las mujeres, que entrega al mundo para su redención, el bendito fruto de su vientre, Jesús.
El niño. Llorón y desvalido como otro cualquiera. Crecerá, jugará y estudiará la Tora como los demás. Pero encerrando en su naturaleza humana, la invisible divinidad. Tardará en mostrar esta excelsa condición. Elegirá a los más fieles para que le acompañen en la misión de propagar la Buena Nueva por todo el mundo entonces conocido. Se prodigará con los enfermos, desvalidos, niños, viudas y hasta con rudos soldados. Recorrerá caminos polvorientos, enseñando a los pretenciosos letrados que el amor es más auténtico que la ley. Expulsará a los mercaderes que prostituyen la santidad del Templo. Como lo haría, si viviera en nuestros tiempos y circunstancias con los mercaderes y políticos que engañan a la gente de buena voluntad. A Jesús le perseguirán. Será traicionado, muerto en la cruz entre dos ladrones y luego sepultado. Pero no fallará la profecía: resucitará deslumbrando a sus atónicos guardianes, legando a su Madre el oficio de mediadora entre su Hijo, los hombres y mujeres pecadores. Aquel niño de Nazaret, cumplida la misión encomendada por el Padre, retornará a los cielos y desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Puro catecismo.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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