El exabrupto de Su Excelencia en relación a una periodista de la cadena Unitel ha puesto en evidencia, como lo ha hecho notar en tono extraordinariamente altisonante Carlos Valverde en su programa Sin Letra Chica, que el señor Morales carece de bonhomía. En efecto, ese comportamiento me ha hecho sacar del baúl de los recuerdos a don Filemón Escóbar que lo tildó de “llockalla díscolo”. Don David Choquehuanca, tan preocupado por lo “Cápac” (que es la versión andina de lo hidalgo), seguro que puede coincidir conmigo en que la actitud de Su Excelencia no fue nada Cápac, es más, fue una actitud propia de un thampulli.
Y sin embargo, en lo que debemos coincidir es en que Don Evo no fue elegido por ser un caballero de la antigua escuela, o por su delicadeza y discreción. En Bolivia, cuando queremos decir que un hombre es excesivamente correcto y educado y cortés, decimos que él es una dama, y ése es un gran halago (juego de palabras increíble en una sociedad básicamente machista).
Pero no, don Evo no es una dama, ni un caballero, es un díscolo dirigente sindical, y precisamente por eso es que está donde está, y eso no debería sorprender a nadie, de hecho seguro que no sorprende a sus allegados, porque me han dicho que ese tipo de confrontaciones son bastante usuales en su cotidiano.
Pero el problema es otro, y es que cabe preguntarse de dónde sacó el Primer Mandatario el chisme sobre la vida íntima de la periodista en cuestión. ¿Se trata de un chisme ordinario, machista y a su modo misógino? ¿Es el hombre más importante de este país una persona tan banal que es capaz de repetir micrófonos de por medio un chisme sin fundamento que le ha contado alguien? ¿Es el Primer Mandatario una persona proclive a los dimes y diretes? De ser eso cierto, ya sería lo suficientemente peligroso, pero lo peor sería si el Primer Mandatario tuviera información de buena fuente, porque eso querría decir que en realidad el aparato de seguridad del Estado está siendo mal utilizado para indagar entre las sábanas de los ciudadanos. Y peor aún, con el fin de utilizar esa información para neutralizar, acallar o aniquilar a un opositor, o a alguien que indague demasiado.
Cabe preguntarse, ¿qué diferencia existe entre este episodio, y los videos con escenas íntimas que eran parte de la colección extorsionadora de Montesinos en el Perú?
La reportera de la historia ha sido víctima de una canallada, y el daño que se le ha hecho es irreparable, sea éste grande o pequeño, pero lo importante es que se dé una reacción tanto desde la oposición como desde la sociedad civil, en especial de los grupos feministas, para poner en evidencia este mecanismo de fisgoneo. El presidente Morales tiene que disculparse por grosero, pero paralelamente se debe investigar si el Estado está haciendo espionaje a sus ciudadanos. Ese extremo sería inaceptable.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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