Estoy de ida a Qurpa, una comunidad rural del altiplano, a intentar vivir la Navidad ahí donde más se parece a la primera Navidad, la fundacional: en un corral porque nadie quiso recibirlos y de ahí al exilio porque el poder quería eliminarlos. ¡Tan distinta de esas ferias de luces, colores y propagandas en que nos la ha deformado la sociedad de consumo! Ir allá siempre me carga mis pilas interiores para dar sentido a lo que me toque hacer después, donde me toque. Escribo por adelantado porque ahí no tendré internet. Me he preguntado qué podría decirnos Luis Espinal en vísperas de un nuevo año como el que se nos avecina. Me quedo con esa su columna para Última Hora, de la que extraigo lo siguiente:
“Los fósiles nunca se equivocan, porque su vida está anclada en el pasado. Esto les da la garantía de la seguridad y la respetabilidad, ya que no están sometidos a los vaivenes del presente y del futuro...
La prudencia y la seguridad son los grandes valores de los fósiles. No quieren arriesgarse porque se creen fundamentales... Los fósiles son imparciales; no pueden arriesgarse a tomar partido por algo, antes de que haya ya triunfado plenamente. Esto hace que ellos no intervengan en lo que todavía está madurando. Por eso los fósiles esperan que ‘otros’ decidan las luchas.
Pero el mundo necesita profetas más que cronistas. La sociedad necesita pioneros que roturen caminos nuevos; aunque sea más fácil caminar cómodamente por los caminos que ya están asfaltados.
El que no tiene nada nuevo, seguramente tampoco tiene nada que decir. Las palabras y el pensamiento los queremos para iluminar las situaciones nuevas; lo antiguo ya está iluminado de sobra... De poco nos sirve saber lo que deberíamos haber hecho; lo importante es saber lo que hoy y mañana tendremos que hacer.
Pero el que quiera trabajar hacia el futuro y no quiera ser fósil, ha de empezar por no instalarse aquí y ahora. ¿Cómo va a buscar lo nuevo el que está satisfecho con lo viejo? Los árboles tienen demasiadas raíces para avanzar por el camino; por eso se quedan a su vera mirando a los que pasan y van adelante.
Los fósiles tienen sus motivos. No quieren equivocarse. Aunque, en realidad, no equivocarse es un lujo que sólo se lo pueden permitir los muertos. Hay que admitir la posibilidad de equivocarse. ¿Para qué servirá la marcha atrás? El que da dos pasos adelante y luego ha de retroceder uno para corregirse, es más positivo que el que está detenido por miedo a no acertar.
La vida es riego, y el que no se arriesga es indigno de la vida. Jesucristo se arriesgó y fue mal comprendido. Pero ¡trajo tanta novedad! Si hubiese sido tan prudente como nosotros, habría llegado a viejo...
El satisfecho puede esperar; pero el que se ahoga tendrá que probar lo que sea, para salir del trance. Sabemos que la acción es ambigua y que la actividad mancha. La teoría siempre puede ser más ‘pura’; pero, ¡maldito sea el guante blanco de tanta palabrería!
Vemos tantas instituciones fósiles. Cuando llegaron, trajeron algo nuevo; eran un empujón hacia delante, un tentáculo que se había adentrado en el futuro. ¿Dónde está ahora su novedad?
¿Y quiénes son ahora los fósiles? Son instituciones, partidos políticos, iglesia, regímenes, empresas, maneras de pensar. Usted y yo, ¿no seremos fósiles también?
Para saber si lo somos, basta mirar si condecoramos a los ancianos; si nos pone nerviosos lo nuevo, lo diferente, lo fronterizo; si valoramos el orden y la prudencia; si nos arriesgamos de veras. Lo trágico de los fósiles es que un día fueron seres vivientes. Su seguridad la han pagado al precio de la vida”.
...Diciendo decía y nos dice Lucho Espinal.
El 2007 ha sido año de fósiles y de profetas. Algo de ambos ha habido, con diversas dosis, estilos y metas, en los dos bandos hoy en pugna. ¿Cómo podremos y debemos destilar lo que es vida —nueva y profética— en este año 2008 que todavía está por estrenar? ¿Cómo podremos catalizarlo? A todos nos tocará hacer algo. ¿Votaremos con los fósiles o por lo nuevo y profético?
*Xavier Albó es antropólogo, lingüista y jesuita.
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Viagra, la pastilla azul que tanto contribuye a eliminar el temor ancestral a la impotencia masculina, se vende con receta médica y no por casualidad. Se supone que aumenta el riesgo de infarto
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