Tiendas cerradas, bodas anuladas y la vida diaria de millones de personas en suspenso. Un Pakistán sumido en el miedo y el caos seguía llorando ayer a la ex primera ministra Benazir Bhutto.
En el segundo día de luto oficial decretado por el asesinato, el jueves, de la líder opositora, la mayoría de los paquistaníes no podían encontrar comida o combustible, pues gasolineras, tiendas, bancos, oficinas y escuelas estaban cerrados.
Las calles de las principales ciudades del país —Karachi, Islamabad, Rawalpindi, Lahore, Quetta y Peshawar— estaban desiertas,
en ellas todavía se contemplaban las huellas de los disturbios populares desencadenados por el asesinato de Bhutto y que dejaron al menos 38 muertos y decenas de heridos.
El Ministerio de Interior explicó que la violencia causó pérdidas materiales de decenas de millones de dólares, ya que 900 comercios, 174 bancos, 78 trenes y cientos de automóviles ardieron. Karachi (Pakistán), AFP