Lujosos, los salones de la zona Oeste buscan satisfacer toda exigencia de sus clientes. El Fantasio y las pistas de baile sembraron su camino.
Texto y fotos: Javier Badani Ruiz
Quiere que una alfombra roja le reciba en la calle? ¿Quizás un depósito de seguridad para guardar los regalos de lujo? Y para el bailongo, ¿prefiere rock, cumbia o folklore? Edwin Luna, encargado del salón de eventos El Zar, prepara una fiesta ´a pedido´ para un matrimonio.
Herederas de los elegantes ambientes de baile de los años 40 y de las populosas pistas de la década de los 70, los salones de eventos ubicados en la zona oeste de la ciudad de La Paz —San Pedro, Gran Poder y Bajo Tejar— compiten entre sí por satisfacer todas las exigencias de sus clientes, ya sea para celebrar prestes, matrimonios, bautizos o las tradicionales fiestas de fraternidades folklóricas.
Este lucrativo negocio se sustenta por la fuerte demanda de los comerciantes, vecinos de las laderas o microempresarios que gustan de las celebraciones bailables, como lo es, por ejemplo, la festividad religiosa del Gran Poder, cuyo calendario se inicia el 6 de enero con las primeras fiestas. ´Sólo la danza de la morenada cuenta con 17 fraternidades que obligadamente alquirarán locales para sus reuniones festivas´, explica Fernando Espinoza, del programa televisivo Los Principales.
Con un costo de alquiler —por ocho horas— de al menos 600 dólares, estos lujosos salones tienen como raíz las celebraciones de la década de los 40.
En la boca del gran pepino
Corría la década de los 40 cuando los ambientes del Fantasio, ubicados en el hotel La Paz — hoy edificio Krsul—, anidaron los pasos de lo más destacado de la sociedad paceña. Al son de Fermín Barrionuevo, el ingeniero y arquitecto Ivica Krsul —quien diseñó y construyó el edificio— hacía realidad un sueño: dar vida al salón más lujoso y espacioso de la época. Con una capacidad para 1.500 personas, pronto el Gran Baile de Carnaval del Fantasio, animado por las orquestas de moda, se hizo famoso. ´La gente iba elegante, atravesaba la boca de un pepino gigante en plena calle e ingresaba ataviado con una máscara que sólo podía sacarse a la medianoche´, rememora Esteban Krsul, heredero del local que hoy se mantiene con el alquiler de eventos. Mañana, por ejemplo, el grupo Veneno dará su espectáculo de fin de año.
El éxito del Fantasio fue replicado por locales destinados a las clases pudientes de la ciudad, como el salón del hotel Torino. Sin embargo, su impacto se hizo más fuerte en las zonas populosas. ´Hasta finales de los 60 los salones eran visitados por la clase media y alta. Pronto, algunos emprendedores vieron que había potencial en zonas populares. Allí la gente gustaba de bailar, pero no contaba con espacios´, señala Espinoza.
Nacían entonces en el oeste de La Paz las pistas de baile Litoral, Novedades y la del hotel Tumusla. Largas colas se formaban cada domingo, a partir de las 16.00, para ingresar a los rústicos galpones donde actuaban grupos de moda como Los Grillos, Donkeys, Los Signos, Climax y Four Star. ´Me impresionaba la cantidad de gente que ingresaba a bailar y el calor dentro del galpón. No había ventilación y las gotas de sudor caían del techo´, recuerda el periodista.
El espectáculo en las pistas de baile duraba hasta la medianoche; sin embargo, durante Carnaval se habilitaban, además, los horarios de matiné, tanda y noche. Este éxito movió a la familia Sánchez a habilitar el año 1978 la pista de baile Odisea 2001 en el pasaje Ortega, entre Max Paredes y Tumusla.
´Queríamos edificar allí un gran salón, un local moderno; pero poco a poco los puestos de venta se sumaron en nuestras puertas y truncaron nuestro sueño´, comenta Norah Sánchez de Alazábal. A pesar de ello, la pista —que lleva el nombre de la película ´2001: Odisea en el espacio´ de Stanley Kubrick— se inauguró con una gran fiesta bailable en la que participaron la Swingbaly y el Trío Oriental.
´Sólo funcionaba para Carnaval y Año Nuevo; pero luego lo empezamos a alquilar a empresarios del espectáculo que armaban fiestas los fines de semana´, agrega su hermana Amanda, quien destaca la actuación en su local de las artistas Ana Bárbara y Mónica Cruz.
El fenómeno de las pistas bailables dio vida a improvisados salones —la mayoría instalados en patios particulares del área— que recibían a las personas que no alcanzaban a ingresar en los famosos locales. Allí, los protagonistas no eran las grandes orquestas ni las bandas de moda, sino los nacientes grupos de amplificación.
Claro, por esos días no existía en el país la tecnología de hoy. ´En vez de los grandes parlantes de ahora, en esa época usábamos pequeñas bocinas que amplificaban en la pista la música de los discos de vinilo. Pero la clave para que la gente baile no era esa reproducción, sino la animación de un baterista y dos pandereteros que toda la noche acompañaban y le daban cuerpo a la música que salía del disco´, explica Hugo Reyna, quien desde los años 70 amenizó con su grupo, los Golden Birds, las fiestas de El Amigo, ubicado en la calle Sagárnaga.
Festejando a lo grande
Al final de los años 80, las pistas empezaron su debacle. La irrupción de boliches en la avenida Buenos Aires y de salones construidos especialmente para albergar a grandes acontecimientos sociales terminó por eclipsar su presencia.
Los ingresos económicos de los comerciantes de la zona les permitieron contratar lujosos ambientes para celebrar prestes, matrimonios, bautizos y fiestas de fraternidades folklóricas. ´Las zonas de Gran Poder, 14 de Septiembre, Rosario, Munaypata, Bajo Tejar y Villa Victoria son las más alegres de La Paz. Allí se concentran todos los folkloristas que constantemente están pasando fiestas. Eso ha provocado una gran demanda de locales´, manifiesta Espinoza.
Los salones de eventos en la actualidad requieren de una gran inversión. La infraestructura es diseñada por arquitectos que velan por la acústica, la ventilación, la ornamentación interna y la comodidad, tanto para los invitados como para los grupos musicales que amenizan dichas fiestas. ´Aquí explotamos la vanidad de nuestros clientes´, asegura Edwin Luna, de El Zar, salón que junto a El Gran Capitolio y El Faraón se constituyen en los más importantes de la zona comercial de esta ciudad.
Depósitos amplios para guardar regalos —desde refrigeradores hasta salas de comedor—, ambientes de seguridad para resguardar artículos de valor como las joyas y espacios habilitados para las cajas de cerveza que ingresan los invitados a su llegada —menos de 10 cajas es considerado una ofensa para los anfitriones, dice Luna—, forman parte de la oferta de estos salones de eventos.
Además, locales como El Zar se encargan de ´armar´ la fiesta al gusto del cliente. ´Desde el decorado, la música y la comida, el cliente sólo debe preocuparse por divertirse´, seduce Luna, mientras muestra la alfombra roja que se instala en la vía para recibir al agasajado o al pasante del preste de turno. Y si la persona no quiere subir las gradas que conducen hasta el gran salón, allí está habilitado un ascensor que le evitará esa fatiga.
Tanta comodidad tiene un costo. Una fiesta puede pasar los 10.000 dólares. A pesar de ello, la demanda de salones se incrementará este 2008. ´Es año par, y la gente prefiere casarse y realizar sus eventos en esas épocas... Atrae a la buena suerte´, asegura Luna.