Todas las encuestas sobre la Asamblea Constituyente (AC) coincidieron en que el texto constitucional debía ser aprobado por consenso. En consonancia con este deseo, los constituyentes prometieron que la Constitución Política sería consensuada. Los principales dirigentes políticos y sociales, lo mismo que los medios de comunicación, se sumaron a esta demanda.
Sin lugar a dudas, la demanda era y es pertinente tratándose del documento jurídico más importante de un país, cuya validez se piensa debe extenderse por largo tiempo. Ahora bien, consenso fue usado también como equivalente a ´pacto´. Se habló así repetidamente de ´nuevo pacto social´.
Este pacto era tanto más necesario que la diversidad múltiple del país parecía imponerlo. Los ´diferentes´ debían ponerse de acuerdo sobre los principios y las reglas bajo los cuales vivan o mejor convivan, eliminando por completo la violencia de sus conflictos y reparando las inadmisibles injusticias y desigualdades del pasado. Pacto de compromisos mutuos y de seguridades recíprocas acerca de lo que las partes consideran sus intereses vitales.
Como se sabe, tal pacto no tuvo lugar. AC incumplió su compromiso. Ciertamente varios factores combinados abortaron el pacto. Señalaremos lo que creemos fueron los más importantes.
1.- En primer lugar, ´pactar´ implica que lo que se quiere pactar sea pactable, del mismo modo que para negociar los temas deben ser en principio negociables. Algo es pactable si es aceptable para la otra parte, de otro modo no hay pacto sino imposición. Los caminos y escenarios pueden ser distintos, lo mismo que sus dificultades pero el fondo es que la otra parte no perciba que ha sido arrollada, sino que ha puesto a salvo sus intereses significativos mediante un compromiso mutuo.
Una lectura de conjunto del texto Constitucional de Sucre-Oruro en sus principales ejes ordenadores nos lleva a la conclusión de que representa una ´Visión de país´ fuertemente ´occidental-andina´ y etnicista, no compatible con la otra ´Visión de país´, expuesta en su matriz en la primera Comisión de la Constituyente, que contiene principios más universales y próximos a lo que ahora se entiende por Estado, sociedad y democracia modernos. La AC comenzó con estas dos visiones y no pudo vencer la dicotomía. Lo que se dijo que debería ser una síntesis, terminó siendo una antítesis entre estas dos visiones. Estaba claro desde sus comienzos que la identidad ´etnicista´, que traviesa todo la estructura del texto propuesto por la mayoría del MAS ( etnicismo que no hay que confundir con la justa reivindicación de los derechos de los pueblos indígenas) haría poco viable su aceptabilidad, y que se ha traducido, por ejemplo, en dos visiones bien distintas y hasta contrapuestas de ´autonomías´. A pesar de las advertencias, se optó por ir hasta el final e imponerlo. Los anuncios de trabajar acuerdos en lo que se llamó ´Suprapartidaria´ fueron más bien intentos fallidos para sumar los dos tercios faltantes.
2.- La factibilidad del pacto fue, además, comprometida porque implicaba que había que ponerse de acuerdo con los que durante todo el tiempo fueron descalificados como ´oligarcas´ y ´neocolonialistas´, expresiones elásticas en las que incluyeron a todos los que pensaban de otro modo. Admitiendo que así fuera —pues en la realidad los que no se reconocen en el texto de Sucre-Oruro son muchísimo más que las ´cien familias´ de ´oligarcas´— un pacto sólo tiene sentido entre partes que están en conflicto, con intereses y visiones distintas y hasta contrapuestas. No se pacta con los amigos, con los ´semejantes´ sino con los ´otros´, que pueden ser los adversarios. Muchas veces se pacta con el enemigo, porque no hacerlo puede ser peor para ambas partes.
3.- El tercer factor que gravitó en el fracaso del ´pacto constitucional´, fue la escasa o ninguna convicción desde un principio de la necesidad de pactar. En las altas esferas se escuchó afirmar, esta vez con convicción, que concertar era lo mismo que ´juntar el agua con el aceite´. Es decir, una tarea imposible. El conflicto por los ´dos tercios´ legales, fue la primera prueba negativa de un proceso en el que se fue erosionando poco a poco la esperanza en la concertación, reforzando a la vez a los ´irreductibles´ de todos los lados.
4.- Los repetidos fracasos para concertar abrieron el escenario de la ´calle´ para resolver ´catastróficamente´ el ´empate´, y no fueron pocos los que lo estaban buscando, pero sin asumir sus consecuencias, que fueron dramáticas en Sucre. Para evitar que fuera peor aún, se fabricó una Plenaria en tales condiciones que la oposición estuviera ausente o sea reducida a la impotencia. Para que ello tenga lugar, se violaron los reglamentos internos, la ley de convocatoria y de ampliación del plazo legal y, finalmente, la misma Constitución. El resultado es un texto no pactado y un país dividido, con todos los ingredientes para la confrontación, cuyos umbrales ya han sido alcanzados. El fracaso nunca fue una fatalidad, pero se desarrolló como si lo fuera, haciendo exactamente lo contrario de lo que se decía. Un atropello se cubría con otro y en cadena. Las decisiones contingentes en la mala dirección terminaron configurando un destino.
En este clima los ofrecimientos de ´diálogo´ cuya sinceridad y oportunidad están en duda, se ven ya afectados por la inexistencia de un umbral mínimo de confianza entre las partes, que es la precondición para cualquier pacto o acuerdo constitutivo.
5.- La cuestión es saber qué se puede y se debe hacer hacia adelante. Mientras no se llegue al referendo ratificatorio, hay todavía un camino largo por recorrer y lleno de obstáculos y de orfebrería delicada. Contra los optimistas por encargo, que dicen con ligereza ´ya veras como todo se arregla´ y no proponen ninguna idea práctica para salir del ´embrollo´, por nuestra parte preferimos un ´ilustrado´ pesimismo de pensamiento en la línea de Bobbio y Eco, que se expresa en el optimismo de la voluntad que prescribe ´haz lo que debieras hacer, aunque no salga nada´; y una de las cosas que se debe hacer es poner a prueba la autenticidad de la convocatoria al ´diálogo´ y aceptarla. En los hechos se evidenciará si se está dispuesto no sólo a ´dialogar´ sino a llegar a acuerdos pactados, renunciando a lo que confronta.
6.- Sólo un pacto múltiple y en diversos niveles, podría salvar la idea de ´justicia social´ que inspira el texto de Sucre-Oruro, salvando a la vez y sobre todo el régimen de derechos, libertades y garantías de un Estado de Derecho. Está en el interés de las partes ponerse de acuerdo para no perderlo todo, pero sobre todo en el Gobierno si no quiere arriesgar la aprobación forzada de una Constitución que no tendría larga vida... Pero también es una oportunidad para la oposición de demostrar que merece un mejor destino que el del presente.
Finalmente, no está por demás recordar que pacto alude a pax, es decir, paz. Esto equivaldría a decir que si se quiere paz se debe pactar para concertar.
La presente entrega es la primera de una serie que este medio publicará cada semana.
*Jorge Lazarte R. es analista político y miembro de la Asamblea Constituyente.
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