Un trascendido de la prensa, que no ha sido desmentido, es que hace unos días, en una reunión en Cochabamba, Su Excelencia habría llamado de mentirosa a una ministra, (¿por qué no le pidió su renuncia si cree que es una mentirosa, o es que mentir para los masistas no es algo tan grave como lo era para los incas?); ésta se hubiera retirado, se entiende, entre humillada y furiosa, y el Gran Jefe habría dicho, con sorna por supuesto, —¡No le ha gustado que un indio le llame la atención!—
Si esta anécdota fuese algo completamente aislado, no merecería la menor atención, pero el tema de lo “indio” es recurrente en Evo, en los masistas y en buena parte de sus simpatizantes, incluyendo a importantes personalidades locales e internacionales como Doña Ana María Romero de Campero, nuestra gran ex defensora del Pueblo y Danielle, la viuda oficial de Francoise Mitterrand.
De hecho todos, Evo, sus partidarios y sus simpatizantes descalifican cualquier opinión adversa que se le hace a partir de que se lo critica porque es indio, porque no se puede tolerar el que un indio esté en el Gobierno, el que “un indio” les llame la atención.
Estas aseveraciones son cobardes, porque las críticas no son confrontadas sino simplemente descalificadas, los que critican son expuestos como racistas que no merecen ser escuchados. Y sin embargo no dejan de tener, en el caso de adictos y simpatizantes, un cierto sabor a profundo paternalismo, que es, visto amablemente, un racismo gentil. En lo que respecta a Don Evo, es posible que un sicoanalista haría un diagnóstico de lo más picante en relación a un posible complejo de inferioridad que verbaliza en forma tan recurrente un personaje que por lo menos visto externamente, no debería sentir la menor pena por sí mismo.
Y, sin embargo, como Don Evo no tiene motivos para ser un acomplejado, lo que hace es simplemente manipular, mal utilizar su origen y su impronta indígena, de manera extremadamente deshonesta, para ganarse simpatías y adhesiones de los incautos y de los desinformados, y para camuflarse de cualquier crítica.
Ahora bien, esta sobrevaluación de la característica étnica de Evo, es paradójicamente un talón de Aquiles, y es que en realidad se le da tanta importancia, porque es lo que hace al Presidente. Cabe preguntarse, ¿qué queda de Evo si le quitamos lo indio? ¿Algo más que un patético y atrabiliario dirigente sindical?
Y para colmo, los bolivianos sabemos que en el mejor de los caos Evo es un indio for export, porque aquí adentro, si vamos a hablar de esas subdivisiones étnicas, bastante estúpidas por cierto, en realidad él sería un mestizo, un cholo como dicen, o si se quiere un birlocho, considerando su reciente afición a las pilchas.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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