Para que los gobiernos y los Estados sean serios, la condición sine qua non es que éstos sean absolutamente coherentes en todos sus actos. Es decir que, cuando éstos toman decisiones y determinaciones, no deben actuar de una manera en algunos casos y de manera diferente en otros. Lamentablemente, éste parece ser el caso de Jindal.
Como se sabe, la Ley (3058) de Hidrocarburos da un trato preferencial a los ciudadanos bolivianos en el precio del gas. La razón fundamental: los bolivianos son los propietarios de estos recursos naturales y, por lo tanto, deben ser quienes se beneficien en primera instancia. Es por esta misma razón que las empresas bolivianas que utilizan el gas natural como insumo para la producción de bienes que se venden en el mercado interno, se benefician también de este trato preferencial, debido a que, en última instancia, este privilegio se traslada a los ciudadanos bolivianos, que consumen los productos que fabrican estas empresas. Este es el caso, por ejemplo, de las generadoras eléctricas, que utilizan gas para producir electricidad, o de las fábricas de cemento, que lo utilizan en sus altos hornos de fabricación.
Como comprenderá el lector, esto sólo puede hacerse con los recursos naturales no transables en el comercio exterior (el gas natural no se puede vender si no es a través de gasoductos y mediante contratos a largo plazo), y no con los recursos naturales transables que, como la gasolina, el diesel y el gas licuado, pueden ser comercializados muy fácilmente a través del contrabando.
Lamentablemente, este no es el caso del gas que se vende a Jindal pues, a diferencia de las generadoras eléctricas y las fábricas de cemento, donde el producto final sólo beneficia a los ciudadanos bolivianos, en el caso de Jindal, sólo una pequeña parte de su producción se venderá en el mercado interno. Por lo tanto, no creo que corresponda venderle gas a Jindal a precios preferenciales, pues la mayor parte de su producción se destinará a las exportaciones.
Por otra parte, si la economía es la ciencia que se ocupa de la asignación más eficiente de los recursos escasos, parecería que tampoco corresponde venderle gas a Jindal a precios preferenciales de mercado interno, cuando existe la más imperiosa necesidad de exportarlo a Brasil y a la Argentina —por supuesto— a precios más altos. Por lo tanto, al venderle gas a Jindal a precios de mercado interno, estamos incumpliendo con el precepto más importante de la teoría económica —que establece que los recursos deben ser asignados de la manera más eficiente— y que, además, se deben cobrar los precios más altos.
Lo que pasa es que a los políticos se les ha entrado el bichito de promocionar ´a toda costa´ las industrias que añaden valor agregado, sin entender que esto no puede hacerse indiscriminadamente; sobre todo, cuando no se toma en cuenta que, al hacerlo, se vulneran los principios de coherencia de nuestra normativa legal y que, en este lenguaje de verdades a medias y de verborrea política, no se toma en cuenta —para nada— los principios fundamentales de la teoría económica.
Los políticos han argumentado asimismo que, si no se daba esta ´subvención´ a Jindal, el proyecto no era rentable. ¡Qué barbaridad!... Entonces lo que debió hacerse, en este caso, es buscar otra empresa con un proyecto que sí sea rentable. Esto a fin de evitar la deficiente asignación de nuestros recursos escasos y que, en este tipo de transacciones, el país y los bolivianos pierdan plata.
De la misma manera, los políticos han argumentado que la industria del hierro y el acero podría generar 6.700 nuevos empleos, cosa un tanto exagerada. Lamentablemente, así como lo han hecho otros analistas del sector hidrocarburos, creo que estamos en condiciones de asegurarles que, con la venta de este gas a precios internacionales de mercado, Bolivia podría ofrecer muchísimos, pero muchísimos empleos más, que lo que este proyecto subvencionado pueda ofrecer.
Por último y para remate, Bolivia se ha comprometido en este proyecto a construir un gasoducto, una línea férrea y un puerto, que seguramente costarán más de 500 millones de dólares. ¿De dónde sacará Bolivia ese dinero? No sé… Lo que sí sé es que el país se encontrará en figurillas cuando tenga que hacerlo.
Sin lugar a dudas, este parece ser el típico caso de las industrias tipo ´elefantes blancos´ que se hacen en el país, a la luz de las verdades a medias y de los gritos de alguna pequeña región. Si usted tiene más de cincuenta años, seguramente, recordará mucho de estos ´elefantitos´ blancos, otorgados por gobiernos que, en su momento, también quisieron ser populares…
*Juan L. Cariaga es economista y escritor.
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