Son los chullpares de Sica Sica. De las 74 torres funerarias iniciales, hoy sólo quedan 35. Las ruinas fueron construidas entre 1100 y 1470 d.C. y pertenecen a la cultura de los Pacajes.
Texto: Jorge Quispe Fotos: Nicolás Quinteros
Los hombres-águila, o Pacajaqis, no conocían el sol y cada noche esperaban la luz de la luna. Un día supieron que el astro rey saldría desde el oeste. Sin embargo, la estrella emergió por el este y sus primeros rayos quemaron todas las edificaciones y sus habitantes —según reza la leyenda— hasta convertirlos en chullpares.
Hoy, las torres funerarias forman una pequeña ciudadela en Kulli Kulli Alto, a 13 kilómetros de Sica Sica y a cinco de Lahuachaca, en la provincia Aroma del departamento de La Paz. Es un sitio religioso y sagrado prohibido para los pobladores desde los tiempos de sus padres y abuelos por temor a contraer enfermedades desconocidas e incurables.
´Te puede entrar la chullpa (momia), nos decían, por eso no veníamos aquí, pero después que los gringos llegaron en los años 60 y vimos que nos les pasaba nada, decidimos también ingresar´, relata Germán Quenta (52).
Los guardianes del tiempo
Los estudiosos Risto Kesseli y Martti Parssinen sostienen que en los años 40 habían 74 chullpas de las que ahora sólo quedan 35. En la planicie Kulli Kulli Alto, a 3.800 metros sobre el nivel del mar, hay tres grupos de chullpas. Uno, en el sitio principal y se tienen dos más pequeños atrás. Las torres fueron edificadas en línea, separadas por pocos metros unas de otras. Al este de las construcciones, sobre el camino, se encuentra un chullpar que tiene una cúpula con un orificio en la parte superior y que —según Quenta— era un lugar donde se diagnosticaban los males que causaban la muerte de los pobladores.
´Las civilizaciones que vivieron aquí estaban muy adelantadas en medicina´, sostiene Blas Quispe, que reside en La Paz, pero que retornó a su pueblo para el lanzamiento del Kulli Kulli Alto como Patrimonio Cultural de La Paz por parte de la Prefectura de La Paz.
A juicio de Kesseli y Parssinen, las obras fueron levantadas entre los años 1100 y 1470 después de Cristo, en el periodo Intermedio Tardío, de la cultura Pacajes. Para su construcción se usaron adobes largos de paja y barro que se asemejan a tortillas enrolladas y dobladas, que pese al tiempo, siguen firmes a la espera de que alguien revele sus secretos. En Kulli Kulli Alto existen chullpares que miden 3,95 por 2,20 metros y otros de 5,45 por 3,10; con una altura de 6,40.
Existen otros en Caquiaviri y Cerro Pirapi Chico de Achiri, Rosario, Chosi Kani de Anantuco y Markiviri (provincia Pacajes) y Qiwaya (Los Andes), sin embargo, Kulli Kulli Alto tiene la mayor concentración de tumbas.
Una de las particularidades de las chullpas es que sus puertas están orientadas siempre hacia el este, en dirección al nevado Sajama y el lago Titicaca.
La erosión y el vandalismo
Hace medio siglo, los chullpares no habían sido profanados y era fácil encontrar restos de cerámica y otros utensilios con los que eran enterradas familias enteras. Ahora, algunas tumbas se convirtieron en almacenes para el forraje de los animales de la zona.
´Hace más de 50 años las chullpas estaban mejor conservadas, pero no las cuidaron y ahora las podemos perder´, lamenta Víctor Santos Quispe, de 44 años.
A ello se suma la lluvia y la erosión natural que destruyen de manera gradual las torres funerarias. Los adobes aguantaron centenares de años, pero ahora el daño avanza. Con la declaratoria de Patrimonio Cultural, se pretende enmallar el sitio, para luego comenzar con la restauración.
Con la llegada de los primeros investigadores, también apareció el vandalismo que saqueó las tumbas. A nadie tampoco le extraña encontrar piezas arqueológicas en casas de los vecinos que sueñan con instalar sus museos.
´Nosotros sentimos que el sitio se amansó para que ahora podamos descubrir qué realmente era este lugar´, describe Quenta.
Para recibir Año Nuevo
Por segundo año consecutivo, Kulli Kulli Alto albergó en junio del año pasado la fiesta del Año Nuevo Aymara. ´El próximo año recibiremos por tercer año esta festividad´, según Norberto Zambrano Mamani (50) quien además es dirigente de Milla Milla, un poblado a 20 minutos de Kulli Kulli y que tiene cuatro chullpares.
El 21 y 22 de diciembre se festejó la Declaratoria de Patrimonio Cultural, pero además el Solsticio de Verano en Kulli Kulli.
El etnohistoriador Roberto Choque cree que, al igual que la Isla del Sol o Tiwanaku, Kulli Kulli Alto puede convertirse en una alternativa más para turistas nacionales y extranjeros durante junio.
Caminando por las ruinas, la paz y la armonía cautivan a los visitantes. El viento y algunas ovejas recorren sus pequeñas calles, mientras que las Yaca Yaca, aves andinas de pico curveado, cantan en las cimas de las chullpas como invitando al forastero a conocer a los centinelas de Kulli Kulli Alto, el cementerio de los Pakajaqis.
BRÚJULA
Cómo llegar. Para ir a Kulli Kulli Alto, primero se debe llegar hasta Sica Sica. Las movilidades parten del Cementerio General y la Ceja. Una vez allí se debe tomar otro coche para ir hasta Lahuachaca y, por último, a Kulli Kulli. El viaje dura dos horas y media.
Dónde quedarse. Debido a que el viaje es corto, se puede volver el mismo día a La Paz, sin embargo los campesinos ofrecen albergue.
HISTORIA
La chullpa, desde el punto de vista arqueológico, es un monumento mortuorio de 1,5 a 8 metros de altura. Su forma es por lo general angular o redonda y en forma de torre o caja. La obra estaba destinada a recibir a los personajes de prestigio e incluso a familias enteras.
La mayoría de estas ruinas prehispánicas fueron construidas en adobe, pero también existen varios sitios donde las chullpas están hechas de piedra.
Esta torre funcionaba como un símbolo en memoria del curaca, mallku o jilakata muerto.