El plátano, la piña, la manzana, la frutilla y la papaya se hacen bebidas energéticas en sus manos. La yapa y los piropos son las artimañas para poder conquistar a los clientes que buscan apagar la sed.
Texto: Jorge Quispe Fotos: David Guzmán
Pase, joven lindo, le voy a dar con yapita!´, ´¡Venga caserito, aquí le voy a aumentar más!´, ´Yo le he dicho primero que venga...´. Aquello de ´joven lindo´ ha convencido a más de un cliente que sonriente espera el supervitamínico en el quinto puesto de la calle Figueroa —detrás del Mercado Lanza, en la ciudad de La Paz— donde Lucy Luna Quispe, de 36 años, atiende desde los 16.
Todo el día, las vendedoras de los siete puestos entran en puja por recibir a los compradores. Todo vale para cautivar mientras licuadora, zumidora y exprimidora le sacan el néctar a las frutas.
El sector de Jugos de la Figueroa funciona desde hace 40 años, las más antiguas se retiraron y ahora la más joven lleva diez años en el sitio. Mientras el ritual se repite una y otra vez, desde las 8.00 hasta las 19.00, Asaf, un israelita que llegó por dos semanas a La Paz, disfruta de un jugo de plátano con leche y con una sonrisa de satisfacción agradece a Lucy. “En mi país es difícil hallar lugares como éste donde te hacen los jugos en vivo. Allá todo es envasado´.
De la palta al supervitamínico
En las dos décadas que Lucy ha dedicado a vender jugos preparó desde supervitamínicos hasta uno hecho con palta y leche. Una delicia que degustan los peruanos. ´Una vez, un gringo me pidió uno de plátano con cinco huevos y lo hicimos´, recuerda Lucy.
Para ella no es raro que alguien solicite un zumo de remolacha, tampoco le extraña que exijan extractos de zanahoria y alfalfa, pero eso sí, ´todo zumo debe tener su yapa, sino el cliente no regresa´.
Su jornada empieza a las 6.00, momento en que compra las frutas en el mercado Rodríguez. Dos horas después ya está al frente de su quiosco. “No guardamos las frutas, siempre salen en el día”.
Al igual que todas sus compañeras, Lucy permanece al menos 12 horas de pie en su puesto. ´Almorzamos aquí, todo el día estamos en contacto con el agua y las manos duelen, pero eso no importa, porque de esto vivimos´.
Estas señoras pueden hacer en el mejor de los casos hasta 200 bolivianos diarios, según ellas mismas cuentan. Un vaso cuesta dos bolivianos y 50 centavos, el vaso grande a seis, el batido de bicervecina y el supervitamínico están entre los seis y ocho bolivianos.
¿Qué es un supervitamínico? De vista, un líquido espeso de color indefinido que se sirve en un vaso de litro. Según las expertas, contiene casi todas las vitaminas y puede sustituir al almuerzo. Lleva plátano, papaya, frutilla, manzana, piña y zanahoria junto a huevo, leche, alfalfa, soya, quinua, miel, avena, almendras y coco rallado.
Graciela, boticaria de las frutas
Si siente que tiene baja la presión, el batido con huevo es la respuesta. Si cree que la vista le empieza a fallar, debe servirse un zumo de zanahoria. Si tiene síntomas de resfrío, pida un jugo de naranja. Estos son los consejos de Graciela Bacarreza de Salazar (65 años), desde su quiosco del Mercado Camacho, donde vende hace 27 años.
“La toronja limpia el hígado, pero ahora no es su época”, recomienda con amabilidad y respeto, dos secretos, que según ella hacen que el cliente vuelva otra vez.
En casi tres décadas, por su puesto desfilaron personalidades como los futbolistas Ramiro Castillo y Gustavo Domingo Quinteros. Son ocho puestos en la avenida Camacho que funcionan desde hace medio siglo. Allí, Graciela seguirá vendiendo “hasta cuando Dios me lo permita”.
En la Figueroa, Lucy ve llegar a otro cliente, se esmera en cortar el plátano, verter el agua a la licuadora, pregunta si quiere con leche y listo, el jugo toma forma. Y a un metro se escucha: ´Joven hermoso, ¿de qué quiere que se lo sirva...?´.