De las 122 especies de murciélagos que existen en Bolivia, sólo tres se alimentan de sangre; sin embargo, su mala fama pone en peligro a otras beneficiosas criaturas.
Texto: Liliana Carrillo V. • Fotos: Luis Aguirre, Gerardo Ceballos, Marcos Terán y Marco Tschapka.
Pocos seres han soportado, a lo largo de la historia, tamaña cantidad de persecuciones, ataques y difamaciones. Del Desmodus rotundus se dice que mata hombres chupándoles la sangre, que se transfigura en un ser maligno y hasta que tiene la virtud de curar enfermedades. Son muchos los mitos que pesan sobre el cuerpo de apenas ocho centímetros del más famoso de los murciélagos: el vampiro.
¿Se imaginaría Bram Stoker que al escribir su novela Drácula perpetuaba la mala reputación de los murciélagos vampiro? A fines del siglo XIX, el escritor irlandés creó al personaje del conde Drácula quien, al perder a su amada, vendió su alma al diablo. Condenado a la inmortalidad, se convertía en murciélago y atacaba humanos para beber su sangre.
Aunque aterradora, esta historia es científicamente inconsistente pues —cosa curiosa— en Europa no existen murciélagos vampiro. “La familia de los Desmontinae (que incluye las tres únicas especies de quirópteros hematófagos) es endémica del Neotrópico, por lo que sólo se halla en Latinoamérica”, explica Marcos Terán, master en Biodiversidad e investigador de la Asociación para la Conservación de la Amazonía (ACA).
Exageradas, las historias de criaturas nocturnas que se alimentaban de sangre llegaron a Europa a través de las crónicas. En contrapartida, del Viejo Mundo arribó la conquista con un bulto de supersticiones. “La brujería, que espantaba a Europa, se encontró con los murciélagos chupasangre americanos y ahí empezó la leyenda negra que creció con Drácula”, puntualiza el doctor en Biología Luis Aguirre, investigador de la Universidad de San Simón y coordinador del Programa para la Conservación de Murciélagos en Bolivia (PCMB).
Pese a que en muchas culturas nativas de tierras bajas los murciélagos eran signo de fertilidad, la mala reputación de los vampiros arrastró consigo todas las demás especies de quirópteros. “De las 1.200 especies de murciélagos registradas en el mundo, Bolivia tiene 122 que pueden llegar a 156. De este centenar y medio, sólo tres son vampiros que se alimentan de sangre”, explica Aguirre.
Los chupasangre en Bolivia
Desciende la noche. La falta de luz no es problema, pues sus ojos se refuerzan con un sistema de ondas sonoras que funciona como radar. El murciélago aterriza y desde el suelo arma su estrategia: volará o saltará sobre su presa apoyado en su poderoso pulgar para cortar zonas irrigadas de sangre con sus incisivos.
“El vampiro común, el Desmodus rotundus, al igual que las otras dos especies hematófagas (Diaemus youngii y Diphyla ecaudata) forma colonias solidarias en las que las hembras adoptan a las crías huérfanas y los heridos reciben alimento de sus compañeros”, explica Terán, quien estudia a los murciélagos en el Madidi.
Entre las presas de un vampiro también puede encontrarse el ser humano; pero es muy remota la posibilidad de que un ataque produzca desangramiento. “Un murciélago mediano llega a tomar no más de dos cucharadas, unos 500 mililitros, y eso no mata a ningún gran mamífero”, informa Aguirre.
Se ha comprobado que la saliva del vampiro posee una sustancia anticoagulante, la desmodontinsa, “que está siendo usada para elaborar medicamentos para enfermedades cardiacas”, añade.
Su alta capacidad de adaptación —hay registros de vampiros en toda Bolivia— ha originado la expansión de la especie, especialmente en asentamientos ganaderos. “El peligro real radica en que puede ser transmisor de la enfermedad de rabia”, asegura Terán.
Murciélagos urbanos
Cuando el sol se pone, cientos de murciélagos dejan sus guaridas en busca de comida. Dos horas después regresan con la panza llena y dedican el resto de la noche a actividades sociales. Al amanecer nuevamente van en pos de alimento. Este patrón lo cumplen los murciélagos en todos sus hábitats, sean urbanos o rurales.
Y es que, huyendo de ecosistemas destruidos, los quirópteros —especialmente el vampiro común y varios insectívoros— se han adaptado a las ciudades camuflándose en los entretechos.
Un reciente estudio del Programa de Conservación de Murciélagos en Bolivia, realizado con modernos equipos de grabación, detectó cinco especies en la ciudad de Cochabamba. Pronto se realizará esta investigación en Santa Cruz de la Sierra.
“También están en La Paz. Se los puede ver a veces en torno a luces. Y es que el candor atrae a los insectos y estos son comida de los murciélagos”, cuenta Aguirre, quien no olvida aquel día de 1994 cuando recibió un llamado urgente de oficinistas aterrados por la presencia de un murciélago en el edificio del Banco Central.
Los hermanos buenos en peligro
Hay, junto a los tres vampiros, al menos 119 especies de murciélagos en Bolivia. Son frugívoras, insectívoras o carnívoras y cargan un mal karma, pese a ser altamente beneficiosas para el hombre. “Estimamos que el 0,3 por ciento del Producto Interno Bruto depende de una otra manera de los murciélagos —asegura el director del PCMB— ya sea porque controlan plagas, dispersan semillas o polinizan unas 500 plantas de alta importancia”.
Pese a sus buenos actos, los murciélagos viven a salto de mata. Actualmente hay 17 especies que están amenazadas y cuatro en peligro de extinción. “En muchas comunidades queman colonias enteras, matando a especies beneficiosas”, explica Terán. La destrucción de sus hábitats y la vandalización de cavernas que los acogen son ahora los riesgos más patentes. A ellos se suma el tráfico de los quirópteros. La tradición dice, sin ninguna prueba, que su sangre caliente o su cuerpo en infusión podría curar “enfermedades de la cabeza” y la epilepsia. “Se trafican de 3.000 a 5.000 murciélagos al mes en Cochabamba, Santa Cruz y La Paz, cada uno a 15 bolivianos. Si están contaminados, aún muertos, pueden trasmitir rabia”, dice Aguirre.
Educar y conservar
Aquel nublado día de 1994 la gente miraba sorprendida al hombre que, atado con cuerdas, se balanceaba por la cornisa del vigésimo cuarto piso del edificio central. Luis Aguirre no midió el peligro cuando logró, finalmente, rescatar a aquel murciélago atontado.
Reforzada una vez más, la pasión del biólogo se materializó en 1998 con la creación del Programa de Conservación de Murciélagos en Bolivia, que trabaja en la conservación, investigación y enseñanza de los quirópteros.
El año pasado, el PCMB editó el importante libro Murciélagos en Bolivia y recibió el premio internacional Whitley, en la persona de su coordinador. “Hay aún mucho por hacer, pero es nuestro compromiso”, afirma un comprometido Luis Aguirre. Y desde lo alto, desprestigiados mamíferos, seguramente, se lo agradecen.
EN ACCIÓN
“Hay especies carismáticas como los osos o los felinos, que pueden convertirse en bandera o símbolo de una región; pero hay especies clave, como los murciélagos, que tienen gran importancia en el ecosistema”, asegura el biólogo Marcos Terán y con esa convicción sigue su cruzada por los “murcis”, como les llama en confianza. Terán es uno de los miembros del Programa de Conservación de Murciélagos en Bolivia, que desde 1998 desarrolla planes de educación, conservación e investigación de los quirópteros. El coordinador de esta organización, Luis Aguirre, el año pasado recibió en Inglaterra el premio Whitley Fund For Nature, dotado con más de 60.000 mil dólares que se emplearán en más proyectos de conservación sin descuidar la educación y la investigación, fruto de la cual se ha editado el primer compendio sobre murciélagos en Bolivia.
Especies
El Murciélago Vespertino Aterciopelado. Esta criatura habita en bosques de Beni y Santa Cruz, y llama la atención por ser extremadamente lanosa, presentando pelajes que van del anaranjado brillante al pálido canela. Se alimenta de insectos y está considerada en riesgo de estar en amenaza, según el libro Murciélagos de Bolivia.
El Murciélago Nariz de Lanza de Tomes. El Lonchorhina aurita fue hallado en 1836 y sólo en 1996 se registró otro ejemplar en las cuevas de San Matías, en Santa Cruz. En el ínterin de 74 años, la especie fue considerada desaparecida. Según Murciélagos de Bolivia, es insectívoro y tiene una alimentación dificultosa por su gran hoja nasal.
Murciélago Blanco. Esta peculiar especie de Diclidurus albus llama la atención por su blanco pelaje. Fue registrada en bosques húmedos y secos del departamento de Santa Cruz y posiblemente se halle también en el departamento de Cochabamba, según el libro Murciélagos de Bolivia. Se alimenta de insectos y las hembras dan a luz a una sola cría.
El Murciélago Nariz Lanza Mayor. El Phyllostomus hastatus es una especie frugívora considerada la tercera en tamaño del neotrópico (puede alcanzar 105 centímetros). Fue observado en Beni, La Paz, Santa Cruz, Cochabamba y Pando, donde es posible verlo en grupos de hasta 20 individuos, según los científicos.