La mayoría de los economistas, basados en las cifras del 2007, advierten sobre las duras perspectivas de la economía boliviana para el 2008. Una inflación récord en 22 años, las inversiones más bajas de toda América Latina, un crecimiento inferior al promedio, y claros síntomas de la ´enfermedad holandesa´, todo a pesar de las inmejorables condiciones de la coyuntura internacional, el incremento de las remesas, y el margen de acción con el que el oficialismo contaba desde el inicio de su gestión.
Como con su propio capital político, dilapidado con cada intervención abusiva y en cada determinación prepotente, el Gobierno de los ´catedráticos de la economía´ se está encargando de protagonizar la rifa de una oportunidad única, quien sabe si una de las últimas, que tenía el país de revertir su pobreza. A pesar del cinismo cinematográfico del que hacen gala, la falta de seriedad en la gestión, augura resultados sombríos. En materia económica, el ´cambio´ no ha hecho más que malgastar irresponsablemente lo heredado del modelo económico al que vilipendian como credo religioso, sin adoptar ninguna política pública digna de ese nombre, distorsionando sí la esencia del sentido común y de la ética pública.
Jugando con las palabras y abusando de los conceptos, aprovechándose, en definitiva, de la ignorancia y la miseria del pueblo han llevado a cabo una engañifa de nacionalización y pretenden imponer a dinamitazos y a chicotazos una propuesta de renta de vejez que es, comparada con el Bonosol, una patraña descomunal, haciendo que les cueste a todos lo que antes era una obligación de las empresas capitalizadas.
Lo propio con la ´austeridad´ de un Gobierno cuya cabeza se desplaza la mayoría de los días de la semana en helicópteros regalando plata que ni siquiera está presupuestada, amén de foránea y de dudosísimo origen. Mientras países comparables firman tratados de libre comercio multiplicando sus ingresos y aumentando sus perspectivas de sólido desarrollo, nuestro ´Embajador Plenipotenciario para Asuntos Comerciales´ —hay títulos cruelmente irrisorios— se pasea por el mundo haciendo política entre grupos marginales y propalando mentiras sobre Bolivia y los bolivianos.
El recuento en el mediano plazo, que ya comprende la pérdida de los mercados de exportación hidrocarburifera de ultramar, y las consecuencias de un proceso de desinversión general, podría lamentablemente incluir la destrucción de la soberanía alimentaria, un espectacular déficit en la balanza comercial, una pesadísima carga estatal en términos de gasto corriente, la profundización de nuestra falta de competitividad, una mayor inflación, y el empobrecimiento de los que no hayan podido emigrar. Claro que siempre podremos recurrir a generalizar entonces los mecanismos de la economía ´plural comunitaria´, una de las más miserables del mundo.
*Luis Eduardo S. es diplomado del Instituto de Estudios Políticos de Burdeos. Ex diputado nacional por el MNR.
Para abrir el diálogo
Para abrir el diálogo es necesario contar con una metodología adecuada, aceptada por las partes y que permita desarrollar el proceso de concertación de manera ordenada y productiva.
Fiasco en la selva
No hubo regalo de Navidad para las familias de los secuestrados que debía liberar la guerrilla terrorista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).