Durante las dos últimas décadas hemos estado siendo partícipes de una serie de transformaciones profundas a nivel global, regional y nacional en todas las esferas de la vida humana; y de estos cambios no puede estar alejada las modificaciones que se sitúan en las esferas de la política y sobre todo en las situadas en las dinámicas de las políticas públicas locales.
Dentro del nuevo contexto global, los ámbitos locales o municipales están saliendo fortalecidos como espacios de construcción de proyectos colectivos, en los cuales la ciudadanía se ve reflejada en sus representantes e identificada —legal y legítimamente— con una administración de gobierno más próxima que satisface las demandas de necesidades específicas de su población, gracias a que los gobiernos locales han ido incorporando en sus agendas cuestiones emergentes tales como la diversidad cultural, territorio, sostenibilidad, sustentabilidad, género, etc.
Por otra parte, dentro del ámbito de estudio de la politología se han venido dando una serie de propuestas que versan sobre la importancia que tienen la tesis de la nacionalización y la tesis gerencialista como mecanismos útiles a la hora de explicar el divorcio entre el ámbito municipal y la ciencia política.
Es decir que la sustitución de la tesis de nacionalización por la tesis del localismo por un lado, y la sustitución de la tesis gerencialista por la tesis de repolitización por el otro, le otorgan a los gobiernos locales la posibilidad de llevar a cabo la gerencia y la administración de sus políticas, logrando que el municipio sea mucho más que un mero espacio de prestación de servicios o de administración de intereses nacionales, y se convierta en un organismo dotado de capacidades de acción y de maniobras que logren mejorar la calidad de vida.
En nuestro país, si bien la Ley de Participación Popular dio pasos agigantados en la democratización nacional, considero que cada uno de nuestros 327 gobiernos municipales aún deambulan por las sendas del proceso de municipios prestadores de servicios y todavía están timoratos en el ingreso a las vías de municipios gerentes de sus propias políticas. Y en la medida que los recursos sigan siendo limitados por parte del Gobierno central; y por sobre todo, aún persistan posiciones políticas sesgadas por intereses individuales, gremiales, regionales y político-partidarios, seguiremos reproduciendo las falencias de las problemáticas nacionales a las esferas locales y muy poco será el avance.
Por otro lado, si bien el gobierno local ha demostrado tener una cierta estabilidad y menor vulnerabilidad política, no ha logrado alcanzar aún el protagonismo deseado frente a los gobiernos nacionales y por ende el espacio municipal no ha podido alcanzar una relevancia política, puesto que concentra todos sus esfuerzos en tareas gerenciales centradas en la prestación de servicios básicos. Sería bueno que con las reformas a nuestra Constitución Política del Estado, se logre profundizar y perfeccionar el proceso de descentralización municipal que empezamos un 20 de abril de 1994 y no demos ni un pie hacia el retroceso en los logros locales alcanzados.
*Mariella Pereyra es cientista política.
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