Los noticieros internacionales y la prensa han puesto de moda el ´Intercambio humanitario´ en Colombia. Nunca se le ha dado a ese país más tiempo en alemán, inglés o en francés. La farsa que el socialismo ha vendido al mundo, es la de que el neoliberal Uribe es un partidario de la guerra, un asesino de sindicalistas y un campeón del enriquecimiento de los ricos a costa de los pobres, mientras la guerrilla lucha por la reivindicación de los derechos humanos y la equidad. Nada más lejano de la realidad empírica y de los indicadores socioeconómicos. ¿Cómo puede ser que los fondos de pensiones de los trabajadores inviertan ya más de treinta mil millones de dólares, que el desempleo haya bajado de manera drástica, que el presupuesto de la ciudad de Bogotá sea comparable al PIB boliviano, que las exportaciones lleguen a treinta mil millones de dólares, casi sin recursos naturales? Más aún, ¿Qué el ´índice de felicidad´, aun en medio de la guerra, sea uno de los más altos del mundo? ¿Cómo se explica que el presidente cuente con el 80% de la aprobación luego de cinco años de gobierno?
La guerrilla colombiana, que hace treinta años tuvo una base ideológica de izquierda importada, se transformó en una peste que destruye a mansalva poblaciones enteras sólo para llamar la atención, vuela con bombas, puentes y bancos, maneja la mitad del narcotráfico colombiano, el cual constituye una economía mayor que el tesoro de toda Bolivia. Son bandidos que han secuestrado cerca de tres mil personas: empresarios, senadores, candidatos a la presidencia, niños, soldados y policías, a los cuales recluyen como Hitler, en campos de concentración abyectos, en los que la muerte por maltrato e inanición son el único futuro para esos pobres hermanos. Los secuestrados, esqueletos con vida, llevan en promedio siete años de martirio en la selva. De esas tres mil víctimas se estima que todavía sobreviven unos setecientos cincuenta.
La guerrilla y sus campamentos son ya fáciles de localizar con tecnología sofisticada. Aun el timbre de la voz de cualquier cabecilla es reconocido en la red celular en menos de diez segundos. Al mismo tiempo, han perdido la unidad de mando y operan como familias mafiosas al arbitrio de jefes piratas, que se enriquecen e invierten en la Bolsa de Nueva York. Su única garantía de existencia son sus rehenes, quienes los salvan de ser destruidos por la Fuerza Aérea dotada de sistemas de última generación. Por razones publicitarias, para conmover a Francia o para movilizar a Venezuela, pueden prometer la entrega de unos pocos. Los plagiados, que asesinan, aun por simple paranoia, nunca podrán serán canjeados ¡Son su garantía! El gobierno ha liberado más de un centenar de combatientes presos de manera unilateral sin resultado. El ´Intercambio Humanitario´ dolorosamente, es una palabra hueca con mucha prensa.
*Juan Hurtado Z. es ciudadano colombiano.
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