De farsantes, eso es en lo que nuestra amada Bolivia parece haberse convertido. Es impresionante el constatar después de varios años, lo fácil que es lanzar una perorata sin sentido, sin norte ni estilo, y que aquello sirva para hacerse del poder político.
Es por todos conocido que la ignorancia es atrevida, empero después de haber sido testigos de la farsa de la tristemente célebre Asamblea Constituyente, aquel dicho popular parece tomar una nueva y más obscura dimensión.
¡Ilusos! Realmente nos tragamos el cuento que la Asamblea Constituyente sería la clave para resolver nuestros asuntos. Desde la posesión misma de los asambleístas, debimos darnos cuenta que eso no era sino otra farsa más. ¿Cómo entregarle semejante emprendimiento a personas que, en su mayoría, no contaban con la instrucción requerida para tamaña empresa? Era entonces ya obvio, que lo que se tenía, en su mayoría, eran simples levantamanos como se pudo evidenciar en las dos últimas y bochornosas sesiones de dicha Asamblea.
Y hoy en día, nos damos cuenta que al Gobierno actual le importa poco o nada el orden constituido y vigente en el país. Y es que la ignorancia y el racismo puro y duro se han dado a conocer, finalmente, en su justa dimensión.
¿Cómo pretender debatir ideas con personas cuyo fin ulterior parecería ser el eternizarse en el poder? Es muy difícil argumentar contra una retórica tan amarga como los famosos quinientos años de opresión, máxime cuando uno ve la cruda realidad, al constatar que por más de quinientos años, hemos tenido un pueblo adormecido y sin posibilidad de razonamiento por tanto uso y abuso de la famosa ´hoja sagrada´.
Y entre los contados ´intelectuales´ que hoy se encuentran en función de gobierno, incluido aquel de los veinticinco mil libros, no encontramos uno con un poco de cordura, con una mente un poco más abierta, que pueda guiar a los guías hacia la correcta conducción y crecimiento del Estado en su conjunto.
Aquellos intelectuales parecen ser más bien fanáticos de Carl von Clausewitz, quien en su famoso libro, En Guerra, decía: ´La guerra es la continuación de la política por otros medios´. Qué cerca de aquella afirmación nos encontramos hoy en día, máxime cuando seis regiones hoy hablan de una desobediencia civil contra el absurdo que hoy se nos presenta como nuestra supuesta nueva Carta Magna.
Hasta ahora, hemos vivido aferrados a que ´en este país pasa todo, pero no sucede nada´, pero si bien Carl von Clausewitz se refería a las guerras entre estados, dicha afirmación parece también ser aplicable, hoy en día, a una guerra entre bolivianos. El juego de las imposiciones nos está llevando a fracturar aquella solidez que alguna vez tuvimos, y lo más probable es que el tiro salga por la culata, y como siempre sea el país el que quede herido, y esta vez, de muerte.
“¡Ilusos! Realmente nos tragamos el cuento que la Asamblea Constituyente sería la clave para resolver nuestros asuntos”.
*Alejandro Mariaca A. es Administrador de Empresas.
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