El Prefecto de La Paz le dijo al Presidente de la República todo lo que tenía atragantado, seguramente, desde hace mucho tiempo. Y se lo dijo de una manera sencilla y cordial, tal como seguramente se la dirían otros miles de ciudadanos de todo el país que votaron por un proceso de cambios que aún no se percibe. O que no es el que esperaban. José Luis Paredes, en el fondo, le criticó la forma de actuar, de hacer política y de administrar su gobierno.
El prefecto de Pando, con una franqueza y transparencia poco habituales en la política nacional, le argumentó con ejemplos concretos por qué él y mucha gente votó contra Morales antes y después del 2005. Lo que le dijo Leopoldo Fernández refleja, en el fondo, las dos visiones distintas y distantes de país que existen en la Bolivia que vivimos, y que son la causa real del enfrentamiento.
El presidente Evo Morales escuchó a pie firme y con rostro inmutable a los dos. Y pese a las alusiones personales, en ninguno de los casos comentó nada, salvo la explicación a sus quejas frecuentes de discriminación. Y en esa falta de respuesta del Presidente a lo dicho por Paredes y Fernández, creo, está el anticipo de lo que será el final del diálogo que comenzó el lunes.
En el caso de lo dicho por Paredes, porque es muy difícil suponer que a estas alturas de su vida, el Presidente pueda cambiar un discurso y un estilo de actuar que hasta ahora le dieron excelente rédito político y que alimentan sus seguidores. En el caso de lo dicho por Fernández, la cuestión es más compleja porque es imposible suponer que se puedan concertar acciones políticas desde perspectivas ideológicas totalmente contrapuestas, por muchas intenciones de buena voluntad que se expresen
Será posible, con imaginación y esfuerzo, compatibilizar el proyecto de Constitución y los estatutos autonómicos, aunque signifique violar otra vez a la Constituyente y a su propia razón de ser. Se podrá también compensar a las regiones por el recorte del IDH, y listo. Pero esos temas son sólo expresión formal de la lucha política coyuntural. Las diferencias de fondo son más bien estructurales.
Lo único posible de esperar, entonces, es que prevalezca el interés común de garantizar la unidad e integridad de nuestro país, por encima de esas diferencias. Y reconozcamos de una buena vez que si bien son ciertamente ideológicas y de intereses, esas diferencias son también fruto de la propia conformación social y de la estructura geográfica y regional de Bolivia. Y debemos convivir con ellas.
*Juan León es periodista.
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¿Misión imposible?
Finalmente se inició el diálogo entre el Presidente de la República, el Vicepresidente y algunos de los ministros del gabinete, con los nueve prefectos del país. En la primera y prolongada reunión, aunque en forma desordenada