No es que sea riberalteño, pero quizá la cabra tirando p’al monte me impele a ponderar el embrujo que tienen los pueblos del Beni. Y sus homólogos en ese gran arco cultural de la yuca, en contraposición al de la papa, que empieza en Veracruz, salta en rayuela por el rosario de islas caribeñas y países centroamericanos, y abarcando el ancho desde la Guajira colombiana hasta los Llanos de Venezuela, cruza la Sudamérica tropical por Manaos e Iquitos, hasta llegar al Paraguay, no sin antes haber cubierto las tierras orientales bolivianas desde Cobija hasta Yacuiba.
Esto sentí al enterarme en Trinidad del deceso de La Señorita, apelativo mezcla de cariño y respeto con que fuera conocida María Antonia Ortoll y Peixt, una catalana nacida en las Islas Canarias. Sucedió en Bellavista, pueblo de paisaje de río y de bajío, de monte y de llanura, donde se juntan los ecosistemas del Pantanal y la Amazonia, a 39 Km. de Magdalena, Beni, a su vez uno de los reductos misioneros de los Jesuitas en el país de los Itonamas.
Tanto me fascinó el personaje, que viajé allí en periplo saltarín de una hora de avioneta. Llegué a tiempo para la misa fúnebre, que convocó a todo el acongojado pueblo en Eucaristía presidida por un obispo. Que paseó a la santa alrededor de la plaza acompañada de una banda de músicos cuya desafinada corneta no remontaba todavía el estupor alcohólico de las fiestas de fin de año. Y la enterró, según su voluntad expresa, en fosa abovedada de ladrillos en el suelo rojizo de la tierra adoptiva que tanto amó.
¿Qué relevancia pueda tener la noticia de una muerte, descrita por alguno como una pérdida no solamente para Bellavista, sino para todo el Iténez? Pues que La Señorita era una dama de abolengo español, condesa según alguno, que dedicó su vida a un apostolado asistencial de recién nacidos, niños y jóvenes en ese fin de mundo.
Mujer adinerada, abandonó su acomodada vida para venir a Bellavista el año 1972, a instancias del Padre José Manuel Barrio Fernández, titular de la parroquia de Santa María de la Candelaria de Bellavista, extraordinario franciscano español al que el escénico pueblo le debe, entre otras cosas, una de sus dos iglesias. Porque como anotaba, irónico, un turista alemán, el poblado es urbe cosmopolita de dos mil cuatrocientas almas, dos catedrales, un hotel rural de cinco estrellas y siete karaokes. Tan pequeño que el marketing se conduce a través de un parlante municipal, que alerta que ´don Pilo ha preparado tamales hoy día´; o ´pase a servirse charque asado o bife con arroz con queso y yuca en la casa de doña Amanda Yuja´.
Pero como a París su Torre Eiffel, la catedral construida por el Padre José, con antesala en forma de dos manos en ademán de oración que sostienen una cruz, es tan emblemática del pueblo como la junta de los ríos San Martín y Blanco para formar el Baures, que desemboca en el río Iténez o Guaporé. Dicen que fue construida en cumplimiento de una promesa. Resulta que al Padre José le agarró la noche en el monte, en el trayecto a patatín de Baures a Magdalena. Para colmo, apareció un tigre con malas intenciones que correteó al religioso hasta forzar que se subiera a una palmera de motacú. Ronda que te ronda la hambrienta fiera; reza que te reza el asustado cura. Prometió que si salía de semejante trance construiría una catedral y lo cumplió.
La Señorita y el abnegado sacerdote formaron una dupla generosa, donde la primera dedicó su vida e invirtió su fortuna en ayudar a los pobres. Una casa-cuna donde se albergaba hasta 30 bebés, a los que la mamita Antonia les cambiaba pañales, les bañaba y les alimentaba personalmente en un pulcro ambiente. Un comedor de un centenar de comensales diarios para desayuno, almuerzo y cena. Un internado de 40 camas del que se salieron unos 300 ´graduados´, de los cuales más de 20 llegaron a profesionales. Como llegué a Bellavista cuando ya La Señorita yacía en su catafalco con aire cansado, los pormenores de su apostolado me los contaron Graciela, una enfermera de ojos acaramelados y su esposo Miguel Guarimo, ambos graduados de su filantropía. Guarimo llegó al pueblo solo cuatro días después del arribo de la benefactora que le cambió su vida, aseveró la esposa.
Con La Señorita queda desear que de veras haya un paraíso para los santos. Porque no se cumplió aquello de que se paga en vida lo hecho en el efímero tránsito terrenal. Dijeron mis fuentes de primera mano que sufrió 12 años de los 35 de su estadía en Bellavista, aquejada de diabetes. Operada de vesícula biliar, se le abrió la herida tres veces. Estuvo postrada en cama 8 años y, para colmo de suplicio, los últimos tres sin dormir bien. Da para dudar de la gratitud del género humano, que la santa regalara una casa de material colindante con la suya, a una colla que la colaboraba, dijeron mis fuentes. Pues el yerno de la colla instaló allí un karaoke que tronaba día y noche: ´diga usted que parecía que los parlantes estaban debajo de la cama de la infortunada enferma´. La Señorita se negó a que el corregidor cerrase el karaoke atormentador, porque según sus palabras, ´todos tenían derecho a ganarse la vida´.
¿Qué pasará con la obra asistencial? La santa dejó una heredera, una niña que crió desde un mes de nacida y que lleva su apellido. Como novicia que seguirá la obra caritativa de su madre adoptiva, será una fundación la que se haga cargo del manejo económico. Y si algún mandamás dictatorial echaba mano a la pistola cuando le hablaban no sé si de sociólogos o de periodistas, perdonarán ustedes mi desparpajo si les confieso que me persigno y agarro mi cortaplumas cuando me hablan de oenegés y abogados. Solo queda honrar la memoria de un ser humano a quien aquella admonición de Jesús de amar al prójimo como a ti mismo, no fue solo cosa de recitación dominical.
*Winston Estremadoiro es antropólogo.
Enero en la memoria
Quiero escribir sobre el 11 de enero, pero no puedo. Quiero escribir, pero me sale espuma, como diría Pedro Shimose. Nos sale espuma, y ojalá este sentimiento sea aplacado por la concordia.
Compatibilizar la CPE con los estatutos
Si el objetivo fuera consolidar autonomías plenas y consistentes, el proyecto de texto constitucional ofrece una plataforma interesante, pero su viabilidad global depende de unas reparaciones urgentes.
Entre lo ideal y lo posible
El Prefecto de La Paz le dijo al Presidente de la República todo lo que tenía atragantado, seguramente, desde hace mucho tiempo. Y se lo dijo de una manera sencilla y cordial
¿Misión imposible?
Finalmente se inició el diálogo entre el Presidente de la República, el Vicepresidente y algunos de los ministros del gabinete, con los nueve prefectos del país. En la primera y prolongada reunión, aunque en forma desordenada