Finalmente se inició el diálogo entre el Presidente de la República, el Vicepresidente y algunos de los ministros del gabinete, con los nueve prefectos del país. En la primera y prolongada reunión, aunque en forma desordenada, se tocaron los puntos de la agenda propuesta por los prefectos de los departamentos que solicitaron el diálogo, a los que se sumó el de La Paz que se destacó por su valor civil y por la claridad de sus planteamientos.
La parte positiva y más importante fue el hecho de que durante las varias horas en las que inclusive hubo debate, a pesar de la dureza en ciertas apreciaciones y expresiones, se mantuvo el respeto que permitió terminar la reunión con el compromiso de mantener la decisión de continuar con el diálogo, ya que la otra opción es el enfrentamiento entre bolivianos, después del cual igual tuviera que haber diálogo, lo que parece haber sido finalmente comprendido por ambas partes.
Es ciertamente difícil la misión que se han propuesto Gobierno y autoridades departamentales, a la que tienen que enfrentar con la decisión de no volverla imposible, porque está en juego la unidad, la integridad y la tranquilidad de todos los habitantes de este indomable país.
Otro aspecto positivo es el hecho de que se ha comprobado en varias de las intervenciones que existen interlocutores muy capaces. Los prefectos se han distinguido ciertamente, con la excepción de los dos oficialistas de Oruro y Potosí que repetían argumentos poco convincentes y el de Chuquisaca que, como su antecesor, pretendía, en su muy discreta participación, mantener un equilibrio imposible, en clara demostración de que la experiencia ajena no le sirvió para nada.
El Presidente, como pocas veces, demostró disposición de lograr que el diálogo progrese, en contraste con la reacción del Vicepresidente que no pudo disimular su desagrado por las expresiones del prefecto paceño, a las que, sin embargo, no pudo refutar adecuadamente. Los ministros se caracterizaron por su férrea unidad, mantuvieron el respeto y la serenidad, demostrando que su información convence totalmente al Presidente y a ellos mismos, aunque haya evidencia de que en muchos casos no tienen razón. Para el Gobierno, lo hecho por ellos hasta hoy es una demostración de extraordinaria eficiencia y para la mayoría de los prefectos y por lo menos para la mitad de la población boliviana, la realidad demuestra todo lo contrario.
El Gobierno, por ejemplo, parece estar seguro de la legalidad de su propuesta de Constitución que debía haber sido redactada en Sucre, sede oficial en la que no se aprobó un solo artículo en más de un año, cuyo texto aparece como por arte de magia en el Liceo Militar de La Glorieta, donde fue aprobado en grande, para reaparecer en Oruro donde se lo aprueba en detalle y se lo entrega en La Paz en versión modificada. En la reunión, todos coincidieron en la necesidad de respetar la legalidad. ¿Qué se hace entonces con esa Constitución que quiere llevársela a referéndum?
En cuando al IDH, es tema que afecta en forma diferente a las regiones. El Gobierno dispone de esos recursos dejando a las prefecturas imposibilitadas de ejercer las autonomías que responden a mandato popular. Por tanto, es necesario demostrar, en las comisiones conformadas, la posibilidad económica real de cada Prefectura de practicar la autonomía departamental, que es la que fue motivo de consulta.
Obviamente, el otro tema es el que se refiere a la imprescindible necesidad de compatibilizar los estatutos autonómicos con la nueva Constitución. Por tanto, el diálogo resulta, asimismo, imprescindible. Como el motivo de esta reunión tiene que ver con el futuro del país y de su propia integridad, hay que hacer los mayores esfuerzos para evitar que la tarea encomendada al Gobierno y a las regiones, se convierta en misión imposible.
*Gastón Solares Á. es economista y empresario.
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