La estética de lo feo se abre paso e invita a reflexionar El arte ya no busca halagar los sentidos. Varias exposiciones y un ensayo de Umberto Eco demuestran el amplio abanico de la fealdad.
PARTEAGUAS EN LA HISTORIA DEL ARTE • Con "Las señoritas de Avignon", el español Pablo Picasso rompió en 1907 el ideal de belleza existente hasta entonces sobre el cuerpo femenino.
Varias exposiciones y un ensayo de Umberto Eco demuestran que lo feo no es el lado oscuro de lo bello, ni una carencia; y que el concepto de belleza es tan ambivalente como lo es el de fealdad.
Lo recuerdan así una muestra en Lucerna (Suiza): ´Picasso versus Bacon: cara a cara´; dos muestras de homenaje en París: a Picasso y a la celebración del centenario de Las señoritas de Avignon —que inaugura una ruptura en el arte— y el libro de Umberto Eco, Historia de la fealdad.
Pero, ¿por qué ha adquirido carta de aceptación, o pasaporte, la fealdad hoy? Agotamiento del canon clásico, búsquedas de nuevos horizontes a través de la transgresión, el desarrollo de nuevas técnicas artísticas que difuminan cualquier frontera; y por la neomanía de la publicidad y la moda, aunque todas parecen salir de una misma raíz: Lo feo como recurso inagotable para llamar la atención. Así, la otrora fuerza ahuyentadora de lo feo hoy está imantada de atracción.
´Incluso ha adquirido cierto prestigio; tanto en las artes como en la vida cotidiana. Se trata del feísmo deliberado, no espontáneo y a veces es forzado. Desde los 60 ha venido aumentando su prestigio hasta convertirlo, a menudo, en un prestigio insulso, que suele esconder una cierta facilidad´, advierte el escritor Javier Marías, que en sus novelas y artículos ha abordado el tema.
´Es un complemento perfecto al glamourismo. Un ataque de guerrillas puntuales frente a ese dominio del glamour´, afirma Xavier Rubert de Ventós, catedrático de Estética en la Escuela de Arquitectura de Barcelona.
La presencia de la fealdad ha sido rastreada por Umberto Eco, que establece tres categorías: lo feo natural (un olor nauseabundo), lo feo formal o un desequilibrio orgánico respecto del todo, y lo feo artístico, que surge de cualquiera de los dos anteriores, pero elevado a la categoría de arte.
Desde los conceptos griegos de belleza hasta el esplendor de lo feo y sus paradojas el 2008, la fealdad se ha abierto paso de manera intermitente en la Historia, sobre todo después de que el Renacimiento sublimara la belleza clásica. La penúltima cruzada por resquebrajar el canon y mostrar otras perspectivas empezó hace dos siglos con el Romanticismo, que exaltó las formas libres. Cien años después vendrían las vanguardias que reinventaron el arte, las dos guerras mundiales que trastocaron toda racionalidad y sensibilidad que hizo que el arte acechara cada vez más la realidad. Luego se pasó al nihilismo coqueto, del que hablaba Susan Sontag, hasta dar en los 60 con el pop y el movimiento hipie y el rock que proclaman libertades y cambios que renuevan sensorial y culturalmente el mundo. Es el despegue de estéticas alternativas que pasan a ser un fenómeno social a un ritmo vertiginoso porque nace el glam, contesta el punk, se potencia el kitsch, irrumpen el camp y el trash, y emerge el grunge hasta mutar en el dirty chic. Es la era del marketing, del todo vale en el museo y en la calle.
´Lo feo (...) está en el centro del arte a partir del Romanticismo. Desde entonces la belleza como tal deja de tener interés para el arte. Ahí están desde los fusilamientos de Goya, hasta cualquier obra de Pollock´, asegura Antoni Marí, catedrático de Estética y Teoría de la Universidad Pompeu, de Barcelona. Atrás queda la belleza como experiencia positiva y gratificante.
´Desde hace tiempo interesa la idea de un mundo sin sentido, caótico, fragmentario, y las personas se sienten reconocidas en esto. Se busca el orden de las cosas que más haga pensar y reflexionar. El arte desde que deja la belleza no pretende halagar los sentidos sino reflexionar en situaciones límite. Y cuando parece que ha llegado a ese punto siempre hay más allá, y así el espectador asiste en primera línea a esa destrucción definitiva del sentido´, complementa Marí.
Después de estar recreando la belleza de la vida y la naturaleza, el artista y el hombre descubrieron que en los lados donde no querían mirar tenían cosas que apreciar. Allí el abanico es más amplio, inexplorado y quizá más genuino, explica la artista valenciana Carmen Calvo, que crea sus obras a partir de desechos y residuos. Es la atracción del abismo... Es la fascinación agazapada por la imperfección.