No es cosa de oficiar de adivino ni tener la petulancia de ser un oráculo, porque en Bolivia no se necesita ser un “politólogo”, ya que todo se cae de maduro y en política no se da puntada sin hilo. En nuestra nota del martes pasado, es decir, de hace cuatro días, afirmábamos que el flamante presidente de la Corte Nacional Electoral (CNE), el pro-masista José Luis Exeni, había sido designado, extrañamente, presidente de la CNE, por algún motivo, y que, una razón poderosa podía ser la invalidación de las firmas que existen para los referendos departamentales, en Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando.
Con la agria relación que existía entre S.E. y el ex presidente de la CNE, Salvador Romero, hombre incorruptible y sin militancia política, que demostró una gran decencia en su tarea, presidiendo varias elecciones y referendos, era imposible para el Gobierno hacer lo que le viniera en gana. La misión de Salvador Romero concluyó en este mes de enero y de inmediato S.E. nombró a su reemplazante, Exeni, que, desde el primer día ocupó la presidencia de la CNE, postergando a otros vocales con mayor experiencia, y echando a la calle a varios de los directores. Quedaba a las claras que la larga mano del MAS capturaba la Corte.
Pues bien, el primer paso que ha dado José Luis Exeni ha sido solicitar a la Corte Departamental Electoral de Santa Cruz, detener la recepción de los libros de firmas para llevar a cabo el referéndum departamental sobre el estatuto autonómico, mientras no exista una interpretación oficial del Congreso Nacional “sobre las atribuciones que en estos casos tiene el organismo electoral”. La Corte Electoral cruceña no acepta la nueva interpretación de Exeni y su presidente, Mario Orlando Parada, veterano en estos asuntos, ha contestado “que es preciso tener presente que son materias de interpretación congresal aquellas leyes o disposiciones dudosas, contradictorias o de difícil interpretación, y no así las leyes claras y expresas, cuya aplicación por parte de la autoridad competente es ineludible”.
No se han quedado atrás el presidente de la Asamblea Provisional Autonómica, Carlos Pablo Klinsky, que sostiene que se debe elaborar la pregunta para que se haga la consulta al pueblo. Ni tampoco el presidente del Comité Pro Santa Cruz, Branko Marinkovic, quien ha afirmado que los estatutos no son negociables ni compatibles “con una Constitución manchada de sangre como la aprobada en Oruro”. Veremos en las próximas horas qué dicen Beni, Tarija y Pando sobre este peliagudo tema.
Lo que sucede es que, curiosamente, el Presidente de la República se reúne durante horas y días con los prefectos de los departamentos en unas infinitas peroratas que parecen bajar la tensión y aproximarse a soluciones para el conjunto nacional, pero siempre salen al paso los que hemos definido como “pandilleros barriobajeros”, que están en su entorno, y que o le esconden la verdad a S.E. o, por su propia cuenta y riesgo, tuercen las cosas, incumplen la palabra empeñada, extorsionan, amenazan, y, finalmente, gobiernan.
Acaba una reunión maratónica en el Palacio entre S.E. y los prefectos y ya aparece este lanzazo imprevisto contra los departamentos que pugnan por la autonomía. Pero las cosas no quedan ahí porque si existe un gobierno de farsantes y mentirosos es éste. También ha habido burla con el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), cuando el Gobierno dicta un decreto que les recorta el 30 por ciento de sus ingresos a las prefecturas, todo destinado al pago de la renta Dignidad. Es decir —ya lo dijeron algunos prefectos— que las reuniones adormiladas son un reverendo saludo a la bandera.
Se ha citado a un nuevo encuentro del Presidente y los prefectos, en La Paz, para el próximo miércoles. ¿Qué irá a decir el Gobierno? ¿Qué tramoyas estarán preparando entre el Vicepresidente, el Ministro de Hacienda, Viceministro de Descentralización y el de Coordinación Gubernamental? Porque hay que reconocer que tienen dos características: la boquita dulce y el puñal bajo el poncho.
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
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