Texto: Jorge Quispe Fotos: Pedro Laguna David Guzmán Andrés Rojas
El beat exalta todos los sentidos. La fiesta se dibuja con siluetas de luces láser y movimientos frenéticos del público que salta al tempo de psytrance dictaminado por este gurú de la música electrónica sobre la pista de Traffic, en la zona de San Jorge.
El DJ Music Select Mero Mero ajusta el acelerador desde su mezcladora y desde allí crea paisajes musicales. Alexander Roland Lieber Lara (31) es un hotelero especializado en alimentos y bebidas, consultor en gastronomía, dueño de 400 discos de vinilo y 2.000 discos compactos. Mientras culmina una maestría en Marketing, se ocupa de cuidar a su esposa Ana Laura y a su niña Maya Ananda.
Álex trabaja desde 1999 con la música. Le encanta el hip hop, pero se especializa en lo electrónico, aunque conoce de jazz, blues, heavy metal, rock and roll, bossa nova y música nacional, entre otros. “Por semana debo escuchar unas 500 canciones de todo tipo, estoy siempre actualizado e investigando. Éste es el secreto”.
Hijo fiel de las raves
En los 90, la música electrónica se ligaba al movimiento rave. “Decían que era para unos cuantos loquitos que hacían sus fiestas en lugares clandestinos y extraños. Allí te ofrecían algo de house y tecno. Había de todo, pero nada definido”, recuerda el Disk Jockey.
Hoy se consolidó el house, un estilo accesible y comercial; el psytrance, uno de los más preferidos; y el drum & bass, que combina batería y bajo, y que además tiene un sonido más latino.
Mero Mero es un DJ que “pincha” en fiestas de música electrónica con una mezcladora, que es el cerebro; una compactera; un tocadiscos; un teclado y una computadora, que posee una librería de sonidos y frases en varios idiomas. Pero el mayor capital que él tiene es su ingenio. “Se debe ser muy creativo y para eso debes conocer toda la música que puedas”.
Para él no se puede imaginar un mundo musical sin lo electrónico, que se hizo global.
“Aquí no necesitas conocer la letra, por eso si un japonés que llega a Londres sin hablar inglés y va a esas fiestas de seguro la pasará bomba porque el ritmo es el mismo en todo el mundo. No interesa que esté en francés o ruso”. Los recursos son infinitos porque hasta la frase del Chapulín Colorado “No contaban con mi astucia” o el “Eso, eso, eso…”, del Chavo del Ocho son utilizados por Mero Mero para sus mezclas.
El público de Music Select no acaba en fiestas de jóvenes. Con orgullo cita que ya tocó en tres matrimonios, donde el éxito fue rotundo. “Las parejas jóvenes quieren ahora escuchar algo electrónico, porque este estilo no tiene barreras y tampoco límites”.
Para un auditorio diverso, Álex tiene otra fórmula. “Les ponemos drum & bass, un estilo casi brasileño, muy latino, la gente piensa que es samba, nadie se imagina que es electrónico y con eso nos fue muy bien hasta ahora”.
El chamán guía a su público
Álex se pone serio. Al iniciar un set, que dura de dos a tres horas, él asume la personalidad de un chamán. “Tienes la responsabilidad de llevar a la gente por un ritual, debes levantarlos de la mano, llevarlos a través de un cuento para que al final no sean los mismos que comenzaron el ritual. Deben llevarse algo nuevo”.
Este DJ busca la creación de paisajes musicales. Primero comienza con una canción suave. “Todos deben saber que algo nuevo está empezando y luego subes poco a poco el ritmo. Metemos sonidos sutiles, aumentamos la velocidad para entrar al baile más fuerte y así llegar al clímax. Después debes bajar otra vez o tal vez subir nuevamente. Debe ser como una montaña rusa. Luego hay que proporcionarle a la gente un espacio de respiro, porque tras una media hora de música fuerte todos están agitados y, claro, debes descender”, explica Mero Mero.
Él cree que la nueva generación baila más que la de los 80, “antes era en parejas, hoy en día no necesitas una. Con la música electrónica danzas solo, por ahí te juntas con un grupo o alguien se te une y listo... Todos se mueven al ritmo. Ya no existen esas dos filas de chicos y chicas. Todo se hace como en una mezcolanza, no interesa nada en esta nueva onda”.
Álex no sabe cuántos kilos perdió en las tres fiestas que amenizó en una sola noche en diciembre. De lo único que está seguro es de que salió totalmente cansado “como para que me echen un balde de agua fría”. Sin embargo, el desgaste mental es mucho mayor, “porque necesitas estar muy bien concentrado para hacer las mezclas. Saber cómo empieza una canción, cómo evoluciona y cuándo debes hacer la mezcla, eso es lo que más te deja exhausto”.
Un DJ de mundo
Alexander habla como un líder. Se entusiasma cuando empieza a describir sus proyectos, por esa razón quizás cree que adoptó el nombre de Mero Mero inspirado en la película mexicana Sangre por Sangre, de la década de los 90.
“Siempre voy al frente, soy ambicioso, siempre quiero ser primero, hicimos con mis amigos Psicotrónica en radio y también estuvimos en la televisión. Ahora estamos embarcados en abrir un local y regresar a la radio”.
Nació en Alemania, pero radica desde sus 14 años en La Paz, ciudad con la que se identifica. “Me encanta su gente, su energía y el lugar me parece una isla protegida de malas influencias”.
Sus inicios fueron en Hamburgo con el hip hop, del cual se declara admirador y en particular del grupo Eazy-E y NWA, fundadores del gánster rap en Estados Unidos. Luego en Suiza, mientras hacía el curso de hotelería, conoció la música electrónica. Al llegar al país hizo graffitis, participó de la campaña Seamos Contra las Drogas a fines de los 80, fue barman del mítico Socavón, acompañó en giras a algunos grupos paceños de rock en los 90 y tuvo su propio grupo de hip hop.
Su primera tocada como DJ electrónico fue en 1999 cuando Úrsula-Ultra Flecha organizó una fiesta. De ahí no paró hasta llegar a Colombia, Perú, Brasil y Ecuador, “siempre llevando el nombre de Bolivia en alto. Claro, no existimos en el mapa de este estilo musical, pero siempre les sorprendemos cuando salimos”. Álex se refiere a la experiencia de Manaos, Brasil, cuando junto a DJ Trans y Daniel Rico representaron al país en el Ecosistem que reunió a los mejores 55 DJ del mundo ante 40 mil personas por cuatro días. “Jamás habíamos tocado para tanta gente y para mí fue una experiencia inolvidable. Fue el primer examen a lo grande que di”.
Mero Mero se ve en el futuro al frente de un movimiento electrónico paceño consolidado, promoviendo la apertura de nuevos boliches y uno de sus grandes sueños es tocar a nivel mundial.
“Los mejores en esta profesión tienen 40 años, yo tengo 31, pero quiero ir paso a paso. El próximo reto será tocar en Carnaval”.
No le faltan contratos ni planes para su carrera artística. En tanto prepara la apertura de su propio boliche, el Mojo Lounge en la zona Sur de La Paz, anuncia el retorno a la radio Stereo 97 mientras se prepara para tocar en Oruro.
“Se inaugurará un hotel con una gran piscina en Oruro, por eso llevaremos una batería musical que transmita brisa marina, espíritu caribeño y percusiones tribales, como sones africanos. Queremos que con nuestra música sientan el mar en el altiplano”, promete y se reanuda la fiesta.
Freddy Alejandro
Una voz que revive los clásicos
Precursor de las discotecas móviles desde 1980, no sólo anima, sino que canta antes de iniciar la música. 5.020 discos de vinilo son su tesoro.
Un saludo para ese matrimonio ¡tan lindo! A la novia María Eugenia y su esposo Adrián: Bienvenidos. “Quiero que los dos se sientan muy felices. ¡Que vivan muchos años y que tengan hermosos hijos...!”. Se inicia la fiesta.
Freddy Alejandro y su Discoteca Móvil comienzan el festejo en el salón del Club 16 de Julio y se escuchan los primeros acordes de la cumbia Y ahora te vas, del grupo argentino Nueva Luna.
“Especialista en matrimonios, 15 años, banquetes, cumpleaños y recepciones en general”, declara la tarjeta de presentación de Luis Fernando Morales Valdivia, de 55 años, pero que en el mundo artístico es conocido como Freddy Alejandro, el showman, cantante profesional, campeón nacional de yoyo en la década de los 70, modelo de pantalones, fisicoculturista, campeón de billar y que en la actualidad tiene una colección de 5.020 discos de vinilo desde 1900.
Durante 28 años Luis Fernando convirtió a “Freddy Alejandro” en marca registrada en las celebraciones sociales de La Paz.
De seis horas a 15 minutos
En los 80, Freddy Alejandro y su Discoteca Móvil pesaban una tonelada en equipos. Con nostalgia, mira al infinito y cuenta: “Llegábamos al salón a las doce del mediodía para meter los parlantes Bosé y Peavey, las consolas, hacíamos todo el cableado para conectar las luces y los 25 focos, colgábamos la bola de cristal con un sujetador al techo, veíamos los flashes, probábamos los micrófonos e instalábamos mi escenario de actuación de tres metros por dos. Luego nos íbamos a la casa y volvíamos a las ocho de la noche para cuando se iniciaba la fiesta como tal”.
Ahora dispone de dos técnicos que “conectan la computadora, preparan los CD, instalan tres parlantes para obtener una buena potencia. Yo pruebo mi CD y el micrófono inalámbrico. Todo se hace en apenas 15 minutos y retornamos más tarde”.
Antes Freddy Alejandro era el hombre orquesta, cambiaba los casetes, hacía las mezclas musicales en los tocadiscos, cantaba, además animaba a bailar con maracas, panderetas, rasca-rascas y pitos. Ahora sigue al frente del show, tiene además dos ayudantes, pero él aún marca el ritmo.
Habla con seguridad y lanza “con esta profesión he debido de conocer al menos a la mitad de toda la población de la ciudad”.
Perdió la cuenta sobre el número de eventos que amenizó. “Me imagino que pasan las tres mil”. Sin embargo, no todo es grato. “Una vez los novios que se habían casado recién, se pelearon por los celos de la dama, el esposo se enojó, luego todos quisieron pegarse y yo tuve que mediar. Siempre hay una que otra peleíta”.
De Manolo Otero a la cueca
Minutos antes de iniciar un evento. El presentador anuncia a Freddy Alejandro y su Discoteca Móvil y el showman, vestido en uno de sus 20 trajes, entra micrófono en mano y se escucha: “Acércate más y más, y más pero mucho más...”. Es la voz del español Manolo Otero, pero en las cuerdas vocales de Freddy Alejandro que luego encarna a Nino Bravo, Manolo Galván, Leonardo Fabio, Sandro y Frank Sinatra. Son seis canciones infaltables en la sesión.
Tras ello, el ritmo sube “yo hago bailar a todo el mundo”, se ufana con una sonrisa juvenil. Para él, el secreto de su éxito está en su soltería, las mezclas, en respetar el ritmo y el tono, y en saber percibir el gusto según la edad de los invitados. “Si la pareja es joven ponemos reggaeton con Daddy Yankee y Don Omar, pero si están cercanos a los 40 años escucharán algo de Swingbaly o Trío Oriental. En toda celebración también ponemos éxitos latinos, que ponen a bailar a todos sin edad, y pasadas las 00.00 lanzamos una cuequita, una kullawada o una morenada, para eso está mi matraca”.
Freddy Alejandro considera que según el lugar, la gente y la edad de los mismos, la música y las combinaciones cambiarán. “En los cócteles de embajadas ponemos algo de Ray Coniff, Richard Clayderman, Frank Sinatra, Olivia Newton John, Trinidad López, The Platers, Abba y Nino Bravo. Nada es al azar”, expone.
El misterio de Freddy
Luis Fernando Morales Valdivia jamás supo por qué su madre, Angélica Valdivia de Morales, le llamaba Freddy. El momento crítico surgió en 1973, cuando tuvo que elegir su nombre artístico. En aquellos años dominaban el escenario musical Fernando del Río, Luis Fernandito y otros, pero a él le gustó Freddy. El póster estaba listo para salir al mercado, pero Freddy sonaba solitario, por eso le agregó Alejandro, sobrenombre con el que grabó dos singles en Discolandia, donde su mayor éxito fue Mamá mía no llores, junto a Volveré a tenerte en el ritmo del swing. Fue cantante profesional de 1973 a 1980 e hizo giras por Bolivia y Argentina, donde los compararon con Sandro.
Aquello de “y su Discoteca Móvil” emergió en 1980 cuando regresó de Estados Unidos con mil discos de vinilo para armar lo que sería la primera discoteca móvil en La Paz y Bolivia. Su colección tiene varias joyas, desde un trabajo del grupo nacional Las Kantutas (años 40 y 50) hasta Elvis Presley, The Doors, Iracundos, Palito Ortega, Tormenta, Deep Purple y la lista no termina.
“Tengo un capital de 50 mil dólares, es mi gran tesoro y cada uno de ellos tiene un valor sentimental”, añade el paceño cuyo primer vinilo fue de Emanuel, en 1980.
Hijo del ex magistrado Carlos Morales y bisnieto del ex presidente de la República, Agustín Morales, Freddy Alejandro se ve de aquí a 10 años frente a su infaltable micrófono, en el camino de la música. “Seguiré animando y con esto voy a morir”.
Hasta el 2004 su colección de 5.000 discos se lucía en el local Manolo de la ciudad de La Paz, pero acabó el contrato y ahora busca un socio capitalista para entablar un nuevo negocio.
Pese a ello no le faltan los contratos. Ahora se prepara para animar el casamiento de Richie Moreno, un antiguo integrante de Swingbaly, grupo en el que cantó.
Por cuarta vez en una hora, el teléfono suena en la sala de su domicilio en la zona de Cristo Rey. Del otro lado se escucha una voz femenina: “Don Freddy usted hizo mi fiesta de 15 años y ahora que tengo 30 y me estoy casando, mi novio y yo quisiéramos que nos anime el matrimonio”.
Las generaciones pasan, pero Freddy Alejandro exuda vitalidad y se mantiene como sus 5.020 discos: en excelentes condiciones.