¿Qué debe hacer Bolivia en estas circunstancias? Esperar un arreglo amistoso entre nuestros vecinos, para proseguir negociando con Chile, sobre bases ciertas, una salida al mar. De nada serviría que Chile nos concediera un corredor o un enclave si las aguas están cuestionadas.
Desde que se produjo la demanda peruana en sus límites marítimos con Chile, Bolivia guardó silencio e hizo bien. No cabía tomar partido por ninguno de nuestros vecinos en un pleito en el que ellos mismos nos habían excluido de una manera poco amistosa y hasta hostil, cuando se firmó el Tratado de Lima de 1929. Si Bolivia no tiene ningún derecho —absolutamente ninguno— en Tacna y Arica, sería absurdo que ahora apareciéramos como mediadores oficiosos u opinando a favor de alguna de las dos posiciones, para que —finalmente— Perú y Chile solucionen sus diferendos y Bolivia quede en una posición incómoda con uno de los contendientes o, en su caso, con ambos.
Esto no significa, en modo alguno, que el tema no le interese grandemente a nuestro país. Bolivia tiene que seguir con mucha atención la demanda planteada por Perú ante la Corte Internacional de La Haya. Porque el diferendo entre Perú y Chile se ha presentado, justamente, en las aguas donde Bolivia aspira acceder, alguna vez, a una costa, soberana o no.
El caso es que como la disputa comprende un área de 35.000 kilómetros cuadrados de mar (se menciona la cifra de 100 mil también, que parte desde el límite norte entre Perú y Chile), si Bolivia pudiera obtener de Chile una salida al Pacífico, ésta podría ser una salida mediterránea, ya que accedería a un mar en disputa o a aguas que pertenecerían al Perú, si éste gana el pleito con su demanda presentada a la Corte Internacional de Justicia de La Haya.
Como consecuencia de la Guerra del Pacífico —y de la victoria chilena— se demarcaron los límites entre Perú y Chile en el Tratado de Lima, pero en los años 1952 y 1954 se firmaron acuerdos marítimos sobre esas aguas, ahora en abierta disputa, que tienen una gran riqueza piscícola. Chile ha considerado, desde entonces, que el acuerdo suscrito era definitivo, es decir que entrañaba soberanía, y que no lleva a ninguna controversia limítrofe con Perú. Los peruanos, en tanto, insisten con argumentos jurídicos contundentes, que lo acordado era solamente para fines de pesca. Como se puede observar, una y otra posición están muy alejadas.
El presidente Alan García anunció oficialmente ante el Congreso peruano, el miércoles, que se había presentado la demanda en La Haya, en términos estrictamente jurídicos, y que se iniciaba un largo camino que, esperaba, llegara a una solución justa con Chile sobre los espacios marítimos. Chile, a través de su canciller, Alejandro Foxley, lamentó “profundamente” que se presentara la demanda peruana, donde se desconocen tratados vigentes en espacios “que se encuentran incuestionablemente bajo soberanía y jurisdicción chilena”.
¿Qué debe hacer Bolivia en las presentes circunstancias? Esperar un arreglo amistoso y justo entre nuestros dos vecinos, para proseguir negociando con Chile, sobre bases ciertas, una salida al mar. Porque de nada serviría que Chile nos concediera un corredor o un enclave en el norte si las aguas marítimas están cuestionadas. Este es un asunto que la Cancillería nacional y la Comisión de Política Internacional de la Cámara de Diputados debe seguir con el mayor cuidado, evitando tomar partido en un asunto que, sin duda, nos interesa mucho, pero donde no nos corresponde participar.